Odín, el dios viajero: La creación del turismo

INTRODUCCION 

La evolución histórica del turismo parece sujeta a la combinación de cuatro factores principales, la primacía técnica, el avance en medios de transporte suscitados luego de la Segunda Guerra, el aumento de los salarios y la reducción de las horas laborales Si bien la literatura sociológica apunta al turismo como una construcción de la modernidad, existe evidencia arqueológica e histórica que sugiere muchas culturas anteriores tenían sus propias formas de evasión y, porque no también, de turismo. Para algunos especialistas, incluso, el sentido actual de movilidad ha sido un legado del Imperio Romano y del mundo de Homero.  Por algún motivo, las cuestiones históricas, desde la edad media hasta la actualidad, se remontan una y otra vez al arquetipo romano como cuna de la civilización occidental

No obstante, desde otra perspectiva se sugiere la movilidad ha sido un legado del mundo nórdico-germánico que debido a la característica ágrafa de su cultura ha sido ignorada por los historiadores del turismo. La cultura germánica se remonta hacía unos 2.000 años a la península de Escandinavia (norte de Europa), donde luego de misteriosas migraciones se desplazó hacia el sur, este y oeste del continente dando origen a tres ramas lingüísticas, germánico-nórdica, óstica y westica. Si bien sus estructuras míticas, cuentos y leyendas, todas de ellas basadas en el derecho consuetudinario, diferían entre así, el dios Odín o Wotan se encontraba presente como la máxima deidad. Esta figura tenía una peculiaridad interesante además de una gran sabiduría; su conocimiento era fruto de sus diferentes viajes por las comarcas humanas en donde disfrazado en forma de animal estaba en contacto con las costumbres de diferentes pueblos. Nadie en el mundo nórdico sabía con exactitud la forma de Odín, pero muchos en sus relatos alegaban haber encontrándose con él. Por desgracia a diferencia del mundo greco-romano, los nórdicos no han dejado un corpus escrito de sus creencias y costumbres, hecho por el cual se hace difícil un rastreo sistemático de sus tradiciones. De todos modos, es claro existe una relación entre el conocimiento, la movilidad y el mundo salvaje que ha sobrevivido muchos milenios hasta la modernidad.

Contradiciendo a los estudios precedentes en historia del turismo,sabemos que la movilidad, prerrequisito del turismo, ha sido una institución dada por el mundo nórdico. Sus estructuras mitológicas compartían ciertas semejanzas que pueden resumirse en

  1. la lucha incesante entre las fuerzas del orden y las del caos.  el valor como forma de reconocimiento en la otra vida,
  2. el respeto a los muertos (sobre todo los enemigos) que perjudican a los vivos por medio del uso de su espíritu (también llamado fylgja),
  3.  la pequeñez del hombre frente a la naturaleza,
  4. un rol preponderante de la mujer en la sociedad y en los ritos adivinatorios, y la creencia en una fuerza (Macht) que rige los destinos de todos los seres vivos e inanimados.

Para llegar a una mejor comprensión del mundo escandinavo es necesario adentrarse en la noción de macht la cual era comprendida en analogía a la fuerza. En contraste con la cosmogonía románica, egipcia o la céltica, la germánica no poseía un pensamiento doctrinario articulado, ni jerarquías sustentadas por el culto a sus dioses. Por el contrario, sus estructuras de poder estaban centradas en la hazaña como criterio principal, la demostración de fuerza y la predestinación. Entre los antiguos nórdicos, existía la creencia en la fuerza de los seres vivos (Macht), cuya invocación podía ser activada por ciertas operaciones humanas, trayendo consigo beneficios o daños. (Asimismo, el Macht tenía la particularidad de no acabarse con la vida, sino que acompañaba al héroe hasta el mundo de los muertos. Desde una perspectiva antropológica, esta forma de construir su mitología, inherentes a grupos nómades, condicionaba las prácticas en el mundo profano exacerbando los logros y los méritos (sobre todo en la guerra) como elementos constitutivos de prestigio y autoridad. En este sentido, también las cosas (aun cuando no todas) poseían macht tales como el barco y la espada, lo cual explica no solo el motivo de porqué se les acostumbraba a poner nombre a ciertos objetos sino el apego los guerreros por sus armas.

La enfermedad representaba, para estos hombres del norte, una disminución del poder o fuerza y conllevaba la invocación de las divinidades protectoras. Los ríos y el fuego también eran fuentes de divinidad y adoración, en parte debido a que se les atribuían virtudes purificadoras, profilácticas frente a las enfermedades y desastres. A menudo, los extranjeros en tanto que enviados de los dioses encarnaban un estado de tensión de difícil resolución.  La aventura y los obstáculos que el viajero enfrentaba gracias a su valentía incrementaban el macht de una persona. Por tanto, el viaje implicaba no solo sabiduría sino búsqueda de reconocimiento social y poder. De la desgracia que simboliza la enfermedad y la pérdida del macht nace la hospitalidad.

DISCUSIÓN CONCEPTUAL 

Con el paso de los años, los antropólogos han llegado a la conclusión que los mitos, lejos de ser leyendas infundadas como se creía, contribuyen notablemente a comprender científicamente la posición fenoménica del sujeto. Por medio de los mitos fundadores, los seres humanos construyen una red estereotipada de respuestas ante situaciones de peligro o incertidumbre. Los mitos y rituales comparten una raíz similar en la cultura ya que pertenecen al sistema religioso. Sus funciones son simples a grandes rasgos, ayudar a los hombres a entender el futuro y la incertidumbre dándoles una guía cierta para resolver y saltear los obstáculos tal cual lo han hecho sus predecesores. Los mitos narran una era en donde los hombres y los dioses coexistían pacíficamente. Por motivo de una ruptura, esa relación ha llevado al hombre al trabajo alejándose del paraíso prístino. Desde esta perspectiva, los mitos concentran y antagonizan con dos realidades diferentes las cuales generan un problema a la humanidad.

Los mitos y rituales representan en sí una contradicción del mundo y a la vez una forma correcta de resolución. Aquello que permanece fuera de la comprensión, debe ser apropiado por medio de una narrativa. En ese acto, se articulan la finitud y la trascendencia como cuestiones básicas de la vida y la muerte. Las diferentes etnologías, en este punto, demuestran como los mitos, en tanto estructuras, son proyecciones de los sentimientos, miedos, expectativas de las diferentes culturas y que entonces variando la cultura cambian los mitos. En consecuencia, los mitos no se comportan como estructuras inmutables, sino que cambian acorde lo hace la propia sociedad hasta el punto de legitimar las prácticas sociales del momento. Todo mito no solo es situacional, sino que está condicionado por el contexto social que atraviesa.

Eliade dice que los mitos pueden compararse con la forma de producción de una sociedad ya que su red de símbolos explica los diferentes procesos territoriales de parcelación y cultivo. Las necesidades de trabajo de la tierra se expresan por medio del proceso de cultivo, recolección de los frutos y destrucción para un nuevo cultivo. Mediante esta lógica, los mitos hablan de una creación (génesis), para una destrucción (fin de los tiempos) que llevará a una nueva creación (transformación). En consecuencia, los mitos son categorías de comprensión homologables a las formas productivas de expropiación y acumulación (ELIADE, 2006). 

EL ORIGEN DEL TURISMO 

El turismo se comprende como una práctica subordinada al ocio. La discusión sobre el momento propicio para el advenimiento del turismo como industria se remonta a mediados del siglo XX. Mientras algunos historiadores afirman que el turismo es una institución mucho más antigua de lo que se presupone, otra corriente considera al turismo como una creación post-segunda Guerra.  Tal vez, el debate no está bien planteado en términos dicotómicos. El turismo anglo-sajón moderno es, sin lugar a dudas, una construcción de la post-guerra pero no por ello se puede afirmar que no han existido otras formas de evasión u ocio, muy similares al turismo, en el pasado.

¿CÓMO SE EXPANDE LA MOVILIDAD EN EL MUNDO CAPITALISTA?

 Parece problemático aceptar que sólo después del siglo XVIII, con el higienismo, el hombre europeo se despojara de su temor al mar. El mundo mediterráneo antiguo de los siglos III al I A.C tenían una imagen positiva del mar. Cuenta Suetonio que los emperadores romanos se alejaban a su residencia en Capri para disfrutar el majestuoso paisaje que sólo el mar podía darles. Con el advenimiento de la Edad Media se cortaron las comunicaciones entre los feudos, y años de guerra frenaron con la movilidad que había nacido del Imperio Romano. El temor al mar había sido parte de ese tabú cultural impuesto por la descentralización de los feudos medievales. En otras palabras, se abandona el sistema político de Patronato romano para volver a la hospitalidad antigua.

  • Concebir al turismo, como estrictamente, circunscripto a una ciudad o a la atractividad de un lugar no solo no se condice con la realidad del fenómeno, en tanto que institución social arcaica como dice Paoli (2007), presente incluso (con sus matices) en el alto imperio romano, sino que conlleva a la idea de comprender al turismo como un producto. Esta posición, nacida del Management europeo, concibe erróneamente que el turismo no ha existido desde siempre, sino que es una construcción moderna cuyas raíces sobrevienen de la segunda gran guerra. Las sociedades elaboran mecanismos discursivos para nivelar las contradicciones propias de la interacción cotidiana; el ocio es uno de ellos. De diferentes formas, no existe un turismo, sino varios turismos cuya significancia lo ubica subordinado al subsistema onírico de cada grupo humano. Afirmar que sólo existe turismo cuando hay democratización es un error conceptual grave. Escalona-Muñoz (2000) ha hecho un trabajo más que convincente sobre la posición de la academia a considerar al turismo como un producto de la demanda en vez de un fenómeno social total. Esta perspectiva ilustra la forma en que los expertos han trivializado e ignorado antiguas formas de turismo ya sea occidentales como en caso grecorromano, como no occidentales.
  • Por desgracia, no puede visualizarse con claridad un desarrollo exhaustivo de la palabra democratización y las implicancias que ella tiene. La gran contradicción de la democratización es que vuelva a la exclusión. Si “Democratizar” implica extender a otros grupos humanos un valor o práctica, entonces las aristocracias para mantener la distinción alteraran sus formas de relación para mantener la “diferencia”. Dadas estas condiciones, una democratización conlleva hacia una aristocracia. Uno debería asumir, como dice Castoriadis (2006), la Democracia no implica extensión de derechos, ni mucho menos, sino simplemente que una asamblea pueda derogar una ley si la concebía injusta. Por lo expuesto, precisamente es la extensión de derechos que caracteriza al mundo espartano lo que homogeniza la dictadura, con piel de democracia. En consecuencia, no se puede hablar de democratización del turismo sino de masividad cuya función fue extender la hegemonía de las clases altas sobre el resto de la población, ya sea por efecto demostración u resistencia. Ha sido la tergiversación anglosajona de la democracia la que la ha llevado a una falsa utopía de la igualdad que nada tiene que ver con la democracia

La mitopoiesis, o proceso de construcción mitológica, funda los valores culturales que van a dar sustento a la sociedad y alrededor de los cuales se van a crear los diferentes ritos, héroes y prácticas culturales. El vínculo entre el subsistema mitoreligioso y el onírico es de una elevada complejidad. Valores culturales que se presentan como incuestionables, a saber, el descanso, la movilidad, el retorno, son esencialmente transmitidos por medio de los mitos de origen (génesis) y observables en las diferentes doctrinas religiosas del mundo. El viaje temporal por lo tanto requiere de una dislocación psíquica del viajero quien experimenta (en su fantasía) la necesidad de un cambio fabulado (dislocación identitaria) y posterior retorno a su matriz de origen. Por último y no por ello menos importante, la palabra vacaciones viene de un antiguo vocablo, “Ferias” (del latín feriae), similar al sentido de la licencia (hoy ferias es sinónimo de vacaciones en la mayoría de los lenguajes indo-arios) por medio de la cual millones de romanos que ocupaban funciones administrativas en la península regresaban a sus hogares temporalmente durante 3 meses situados en las diferentes provincias que conformaban el Imperio. Similares instituciones se observaban en el mundo egipcio, Fenicio y hasta Sumerio.

AVENTURA, ECONOMÍA Y BANQUETE

Se puede mencionar que las festividades eran consideradas eventos en donde todo el pueblo se reunía, para celebrar y realizar alguna ofrenda sagrada. Njord o Nerthus, diosa de la tierra y su par Fricco (Frey), se convirtieron en los protectores de la tierra y de sus cultivos. La fertilidad de los campos, era comúnmente proclamada en conjunción con otras ceremonias como el matrimonio. En la fría Germania, las inclemencias climáticas, sequías o inundaciones implicaba una mala cosecha y por ende una migración segura. Es decir que la movilidad estaba determinada por el accidente.

En ocasiones, una incursión por mar o río, traía diversos peligros y obstáculos que las adivinaciones podían prever. Los desplazamientos voluntarios hacia a lo desconocido en el mundo nórdico implicaba prestigio y status, ya que el viajero demostraba su valía e incrementaba su Macht (fuerza). Para aquellos que morían en el mar, existía la creencia de que continúan viviendo en él. No es extraño que aquellos elementos utilizados en las técnicas de adivinación como el agua o el fuego denotaran un miedo arcaico. Tanto el agua como el fuego, son útiles a las comunidades siempre y cuando sean controlados por la técnica. En la actualidad, Meunier afirma en muchos países de origen germánico el agua es un lugar de respecto y temor pues alberga a ciertos demonios que devoran a los viajeros. Cuanto más profunda sea el agua, mayor posibilidad de ser dañado por esta clase de espíritus (MEUNIER, 2006, p. 68). Sin embargo, el Macht asociado a otras figuras como berserkir (bravura) o el hamr (piel) existe la posibilidad de una metamorfosis (serkr) en donde los hombres se transforman en ciertos animales como lobos, osos etc. Estas expresiones de ambigua interpretación estaban vinculadas a la posibilidad de demostrar el pasaje del mundo humano al natural (DUMEZIL, 1958, p. 172).

De esta forma, el hamr comprendido como representación puede ser usado como vestido, una forma externa al cuerpo, un espíritu, suerte, una envoltura fundamental o el alma que se manifiesta en los sueños (Fylgja). El proceso de metamorfosis era simple, el cuerpo quedaba tendido en el suelo (generalmente ubicado bajo la protección de la selva o los árboles) en estado casi catatónico en tanto se transformaba en un pájaro o un animal furioso; su fuerza simbolizaba según el acholar la naturaleza animal del hombre. También como expresiones de ocio, era común el ofrecimiento de banquetes (Alfablot) a los diferentes silfos (gnomos) que operaban en la tierra (landylfe), el agua (waeterlyfe) o el mar (seelyfe) o los vaettir (espíritus de tierra, agua y mar). Estos seres podían ser benefactores o sumamente vengativos para lo cual había que servirlos y ofrecer fiestas o celebraciones en su honor (para evitar su ira o Elfenschuss). Las tempestades y las tormentas tenían diferentes deidades que iban desde Irpa y Zorgerdr (al norte de Noruega) hasta las trollen o brujas en la Germania Meridional. Cuando un jefe de familia moría, en algunos pueblos, era enterrado o cremado junto a deliciosos manjares o con sus armaduras de combate.

La idea de morir en el camino de la aventura encierra toda una tipificación que encuentra en el banquete y en la hospitalidad su respuesta. A continuación, se verán los elementos constitutivos de la hospitalidad – germánica y no germánica – vinculan la vida a la muerte, erotismo (fertilidad), alimento y bebida (economía), y sabiduría (como mecanismo de comprensión del otro y del mundo natural). De hecho, si se presta atención la palabra visa, deviene del latín videre que significa saber. Todo grupo humano debe “tener certeza” de quien está introduciendo en hospitalidad es inofensivo a la estabilidad del grupo. Por ese motivo, muchos relatos nórdicos vinculan la sabiduría al movimiento y a la hospitalidad.

EL ARQUETIPO DE WOTAN/ODÍN 

Por desgracia, lo que hasta el día de hoy se conoce del mundo nórdico se debe a la intervención del Imperio Romano (Julio Cesar ha sido el primer etnólogo en documentar las costumbres de suevos y longobardos durante sus incursiones militares por Germania). Desde una perspectiva etimológica no existe aún consenso acerca del origen de la palabra germano. Para algunos, el término viene del latín Cormanus” que significa los que hablan con el corazón en la mano (tal vez por su franqueza) y aquellos quienes infieren su propensión a la guerra como industria primaria les valió la fama de grandes guerreros, de donde se desprende su nombre, “Heer” (guerra) “Mann” (hombre), en resumen “hombre de la guerra. Aun cuando esta discusión no está resuelta, se sabe las tribus germánicas se dividen en tres ramas, nórdicos (grupo compuesto por noruegos, suecos    y daneses), orientales (situados en la actual Bulgaria y actualmente extinguidos) y occidentales (frisios, sajones, vándalos, y francos entre otros muchos); ¿es acaso el turismo un resultado de la guerra?

La cultura occidental moderna, aunque no lo reconozca, le debe mucho al mundo nórdico antiguo. La tendencia a exacerbar el mundo romano y griego de la Edad Media ha sepultado el legado germánico hasta el punto de hacerlo invisible (KORSTANJE, 2009). Por su parte, diversos estudios han probado que las leyendas germánicas, a diferencia de las mediterráneas, consideraban al vínculo entre padre e hijo como inquebrantable a la vez que la posición de la mujer era activa, celebrando matrimonios y augures de guerra. Como el filial, el amor romántico, es, sin lugar a dudas una construcción germánica por su forma productiva. La actividad de las tribus germánicas y proto-germánicas se basaba en la movilidad como forma de subsistencia primaria. Su carácter nómada los obligaba a una constante guerra con sus vecinos, hecho por el cual, el trabajo se reservaba a las mujeres empujando a los hombres a defender las fronteras. El guerrero germano no tenía otra obligación más que la defensa. Si uno examina con atención los artículos dados para el trabajo en las lenguas romances, la mayoría de ellos son masculinos (il lavoro, el trabajo, etc) mientras que en lengua germánica son femeninos (die arbeit, det arbedtje etc). Por tratarse de tribus en constante movilidad y búsqueda de nuevos territorios, su capacidad para la agricultura era mínima como así también sus expresiones religiosas. Los antiguos nórdicos habían desarrollado un miedo muy profundo a los muertos (tal vez por su imposibilidad de permanecer en un territorio específico y la inoperatividad de llevarlos consigo). Su creencia en la fylgja, suponía que una persona podría retornar del más allá para tomar venganza por lo cual luego de una batalla y ante la imposibilidad de tomar esclavos, los capturados eran efectuados en formas rituales bien específicas. La fylgja no podía tomar forma mientras el enemigo fuera decapitado o cremado (JANSSON, 1997; MOBERG, 1989). Esta costumbre no solo horrorizó a los romanos, sino que sentó las bases para la creación de toda una serie de estereotipos negativos en el Imperio sub-humanizando a estas tribus y simplificando el mundo nórdico.

A diferencia de los romanos, las tribus germánicas comprendían al futuro como determinado por Odín y sus Valkirias. Antes de entrar al campo de batalla, la suerte del guerrero y su performance en ella ya estaban echadas. Las Valkirias descendían para llevarse a los caídos a las tierras del Valhalla donde quienes habían combatido con honor bebían y comían del jabalí eterno.  El banquete y la hospitalidad son dos instituciones presentes en la antigua Germania.

La hospitalidad es una construcción social que se remonta al siglo V A.C en la Europa antigua. Considerada una institución militar-política y religiosa, la hospitalidad ha tenido dos significados diferentes. Por un lado, funcionaba como una red de alianzas que en reciprocidad e igualdad de condiciones aliaba a las tribus en caso de ataque externo. Por el otro, la hospitalidad permitía a los sacerdotes comprender los designios divinos ante desastres naturales y catástrofes. Partiendo de la premisa que los dioses enviaban o se disfrazaban en forma de extranjeros para confirmar la buena voluntad de los receptores, una falta a un viajero extranjero podría ser vista como una ofensa grave y castigarse con la máxima dureza ya sea por una sequía o un desastre natural. La protección a los viajeros era de capital importancia para poder movilizarse por diferentes tierras sin necesidad de entablar relaciones de conflicto con las otras tribus. En este sentido, muchos historiadores antiguos han enfatizado en la hospitalidad como una forma eficiente de generar solidaridad entre los grupos humanos ya sea por el comercio o por la defensa conjunta. La guerra y la hospitalidad siempre han estado vinculadas entre sí. Mientras la primera confería todo el orden jerárquico de la sociedad y los valores culturales que la sustentaban, la segunda permitía un equilibrio con otros grupos humanos que le daba estabilidad a esa estructura social. El arma, como el museo moderno, tenía un doble sentido, dar orgullo a la comunidad por medio de la memoria, a la vez que generar motivos y significaciones de herencia.

Cabe destacar que los Anglo-sajones y Jutos tenían un apego especial con su espada. En ocasiones, cuando nacía un niño, el padre tomaba su espada y puesta frente a éste repetía “todo será tuyo todo aquello que puedas ganar con tu espada”. En efecto, la espada no sólo representaba para estas tribus una forma de sustento, sino un tesoro familiar transmitido de generación en generación. Las relaciones familiares, de lealtad y de pertenencia para con su tribu se daba por la simbología de la espada (DAVIDSON- ELLIS, 1962). Por otro lado, y al igual que sus vecinos los galos y celtas, los nórdicos celebraban y respetaban la institución del hospicio, la cual consistía en establecer convenios entre pueblos para recibir recíprocamente a los viajeros pertenecientes a cada pueblo. En tiempos de guerra, el hospicio obligaba a los involucrados a ir a la guerra en forma conjunta. Esta institución no sólo era propia de los germanos, sino también de otras etnias de origen indo-europeo como los celtíberos y latinos. Los mismos hijos de Rómulo y Remo, fundadores de Roma, en sus orígenes celebraban hospicio, aunque a medida que se fueron formando como Imperio dieron lugar a su contralor, el patronazgo.

Huizinga (1968) recuerda la importancia de la hospitalidad, el banquete y los juegos como mecanismos tendientes a entablar lazos de solidaridad entre los diferentes actores los cuales manifestaban una voluntad a futuro por medio de pactos y alianzas. Asimismo, la hospitalidad también implicaba un lugar de conflicto y tensión en donde ambas facciones podían desafiarse. El rol del anfitrión, en este sentido, era controlar, regular y disuadir a los comensales de no entrar en agresiones mutuas. Por lo tanto, la hospitalidad, sociológicamente hablando, puede ser comprendida como una institución milenaria cuyos fundamentos descansan en la idea de reducir la incertidumbre que da el ingreso de un extranjero del cual poco se sabe a la vez que (por medio del sexo, comida, bebida y música) disuade al extraño que su presencia es bienvenida. Cuenta la leyenda que Thor, hijo de Odín, fue seriamente reprendido por su padre luego de desafiar al gigante Hrungnir en plena hospitalidad. Esta falta de respeto le valió ser expulsado del banquete, recordando al lector cuán importante era la hospitalidad en el mundo antiguo (DUMEZIL, 1958).

En los pueblos escandinavos la hospitalidad jugaba un rol principal como mecanismo de relación social y regulación de la violencia. Explica Huizinga, según los relatos de Alboin, la tribu de los Gépidos ha invitado con honores a los Longobardos (antiguos rivales) a un banquete por Turisindo (rey de los gépidos). Cuando éste último suspira por su hijo caído en combate en pugna con los Longobardos, su otro hijo comienza a insultar a los huéspedes llamándolos “yeguas de patas blancas”. Uno de los comensales (de origen longobardo) se levanta y exclama “ve al campo de Asfeld, y allí te enterarás, sin duda alguna, de lo valientemente que cocean estos que tus llamas yeguas, allí donde los huesos de tu hermano se hallan dispersos. (HUIZINGA, 1968, p. 106”; inmediatamente el Rey pone orden mediando escénicamente entre los dos contendientes.  Esta misma costumbre se encuentra presente según Huizinga en   la leyenda de siglo X dC sobre el héroe danés Beowulf, y en las fiestas llevadas a cabo en los solsticios de invierno, conocidas como Yule. Esta lucha guionada a la cual Huizinga relaciona directamente con la capacidad lúdica de estas tribus, se la llamaba mannjafnaor la cual se basaba en ideas puramente religiosas de conexión entre anfitriones y huéspedes. Beowulf es una compilación, se cree, que simboliza los diferentes cambios lingüísticos e identitarios que estaban sufriendo las tribus germánicas en plena edad media, sobre todo la tensión entre la mitología pagana y el cristianismo. En la narrativa, uno de los mayores terrores que despierta del gigante Grendel, hecho por el cual Beowulf decide prestar sus servicios al rey Hrothgar, es su falta de hospitalidad al atacar a los guerreros mientras están bebiendo y comiendo en el “Hoff” (galpón) Canto I. Grendel es hijo ilegitimo de Hrothgar con una Troll (KIERNAN, 1996). La reestructuración del mundo germánico, que denota la lucha constante entre sajones, frisios y francos situados entre el sur de Escandinavia y el norte de Jutlandia, y el rompimiento de los lazos familiares, entre familias constituidas e hijos legítimos, parecen ser dos de los principales temas en el relato. Asimismo, el espacio donde se llevan a cabo los hechos habla del orgullo que representaba la “comensalía” o Hoff para la cultura germánica hasta el punto que lleva a un hombre a enfrentar a un ser “monstruoso”. Este asentamiento tiene una importancia simbólica muy fuerte y abandonarlo, luego de los 12 años de ataques constantes por las noches, parece no ser una opción digna para el rey Hrothgar. El proceso de solidaridad por medio del cual Beowulf pone sus servicios en defensa del reino (seguridad interna), se asemeja a la hospitalidad antigua donde el linaje y los matrimonios mixtos cerraban el pacto (luego el héroe sajón, tras la muerte de Hrothgar, se casa con su mujer). Por último, el mundo natural, re-significado en forma de gigantes, ogros, troles y dragones es para la época un motivo de profundo temor.

Como ya se ha explicado, entonces se puede observar una conexión importante entre nomadismo, movilidad y hospitalidad en el mundo antiguo, pero, no obstante, otras tribus no germánicas también practicaban la hospitalidad. Lo que distingue al mundo nórdico de otros, es no solo su propensión a moverse y la predestinación, sino la idea de configurar a su “Dios Supremo” como una deidad viajera que encuentra en esa movilidad su sabiduría. Dios regente de la tierra de Ásgard, Wodan (término derivado del antiguo ario Wodanaz) es considerado el benefactor de la sabiduría y protector del comercio. Según la leyenda de Völuspá, Odín, fundó la tierra media (Midgardr) junto a sus hermanos Ve y Vili. Para poder entrar a tierras de Odín, los hombres necesitaban del coraje y la destreza como dos aspectos principales de distinción. Destreza en los deportes y coraje demostrado en la batalla. A diferencia del hombre moderno quien teme a la muerte, el germano buscaba morir con honor “para vivir por siempre”. Esta forma conceptual de concebir al otro y al mundo, llevó a los germanos a expandirse hasta límites impensados llegando a topar con celtas y romanos. Si el primer elemento constitutivo de Odín era la movilidad, la segunda ha sido la predestinación cuyo principio se caracteriza por desdibujar la obligación de los hombres hacia los dioses. Si en la mitología romana, los reyes ofrecían sacrificios a cambio de victorias, en el mundo nórdico la derrota o la victoria ya está plenamente determinada de antemano. La batalla no es la prueba sino el requisito necesario para acceder al más allá. En este punto, particularmente, M. Weber (2004) equivocó su teoría. No ha sido la ética protestante la fundadora del capitalismo sino la mitología germánica y su idea de mundo cerrado al futuro. La predestinación engendra un sentimiento de incertidumbre y ansiedad muy grande, simplemente porque el guerrero no sabe si es el elegido. Este sentimiento de frustración se alivia por medio del movimiento (FROMM, 2005). Mientras la movilidad es la condición primera del capitalismo, la predestinación es la causa de la movilidad.

Wodan/Odín acostumbraba a tomar forma de animales o cambiar regularmente de aspecto para emprender sus viajes por todo el mundo. En la saga de Ynglinga, él es descrito como un dios viajero cuya hambre de aventura y riesgos no tenía límites ya sea entrando a la tierra de Jotunheim con una identidad falsa o combatiendo contra gigantes o vanes, enemigos acérrimos de los dioses. En la tierra de Jotunheim, Odín sacrifica su ojo tras beber del jarro de la sabiduría. En ese acto de dolor, los germanos rememoran la idea mítica que la sabiduría y el dolor están inextricablemente ligados. En forma comparativa a Adán y Eva u otros mitos, confieren a la creación la necesidad de saber, pero esa necesidad acelera la caída del hombre. Adán, Eva, Prometeo y Aquiles tienen en común esa búsqueda de voluptuosidad por la cual rompen el equilibrio natural. De la misma forma, el mito de Végtam explica la comprensión del sufrimiento como pieza clave para la sabiduría. Sin lugar a dudas, el arquetipo del dios Odín figura toda una narrativa que culmina con el concepto de “Torn y más tarde” de Grand-Tour como se ha explicado en los párrafos precedentes. La mitología nórdica reemplaza la peregrinación, búsqueda de sacrificio judeo-cristiana ligada a la exploración, por la conquista propia de la expropiación. Mientras el peregrino, como explicaran en otros trabajos (KORSTANJE y BUSBY, 2010) son movidos por sus pecados y la necesidad de ser perdonados, los conquistadores intentan extender los límites de la civilización la cual sólo es posible combinando procesos cíclicos de construcción, para una destrucción para una nueva construcción. La escatología en el mundo nórdico es rica en relatos que vinculan la construcción como necesaria para la destrucción. El Ragnarök, escenario final de la lucha entre Vanes y Ases o dioses y contra-dioses, ilustra como los principales dioses mueren en manos de los vanes, y son vengados por sus respectivos hijos.

Para concluir, Snorri Sturlusson (1260), un monje islandés del siglo XIII ha sido uno de los primeros eruditos en compilar leyendas y relatos dispersos y transmitidos de generación en generación. Si bien son compilaciones tardías a la Germania de César, sus puntos centrales pueden ser explicados en tres ideas bien diferentes para una mayor comprensión del fenómeno. En primer lugar, existe una presencia sagrada por la cual los hombres son empujados hacia el futuro, esa fuerza es la predestinación; en segundo lugar, la movilidad es reconocida como un mecanismo de distinción social ya que trae consigo sabiduría y destreza. Por último, pero no por ello menos importante, toda la literatura germánica está impregnada de un amor romántico hacia la mujer y una necesidad de conquista que conlleva a la idea de que el amor (por esa mujer) debe ser ganado por medio del sacrificio y el coraje. Las doncellas y los príncipes valientes, que han dado origen a toda una gama de formas de entretenimientos modernos como ser novelas, películas y deportes, se corresponden con esta matriz cultural. Las diferentes formas de ocio en Europa medieval como las carreras, combates e incluso las cruzadas a tierra Santa son prueba incuestionable de la tesis presentada en esta investigación (es importante para mayores detalles el trabajo de J. Huizinga (1968 sobre la búsqueda de competencia agonal del mundo europeo). Si el macht sugiere la idea de “demostración” enraizada hoy día en el capitalismo moderno competitivo (hazaña), la idea de libre mercado se explica con la movilidad del capital. Si el futuro es determinado por la predestinación, la práctica es condicionada por el mercado de igual forma.

Si los historiadores del turismo prestaran atención a la mitología escandinava, se podrían hacer interesantes hallazgos. Este trabajo conceptual intenta comenzar un debate en la forma en que estos estudios deben ser hechos, pero de ninguna manera intenta imponer una metodología. Las contribuciones del mundo nórdico al moderno se vinculan por medio de la movilidad y la predestinación. En primera instancia, dichas leyendas articulan las creencias en un arquetipo de dios cuya naturaleza es principalmente nómada. En contraste con los historiadores del turismo, la idea de viaje como hoy se la conoce ha sido un legado del mundo anglosajón. Sin embargo, el viaje no puede ser posible sin un mecanismo que permita regular las dicotomías y contradicciones del mismo proceso, como lo es la hospitalidad. Este convenio ancestral entre grupos humanos afianza el proceso de solidaridad social a la vez que forma una idea de otro acorde a las propias creencias. Entonces, el turismo, en tanto que fenómeno social, obedece tanto al viaje (desplazamiento) como a la hospitalidad (en tanto que posibilidad de no ser atacado en ese viaje). Por, sobre todo, por tratarse de una actividad comercial, la industria moderna de la hospitalidad y los viajes está conformada por la predestinación, el arquetipo de Odín y su movilidad como elementos significativos. Para concluir, es necesario romper con la idea que el mundo actual es una réplica de Roma y Grecia. Existen otras culturas como los celtas, iberos, árabes, nórdicos y persas que explican la actual forma de concebir el mundo.

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