Midsummer. Solsticio de Verano

Está atestiguado por Fernando Fulgosio, en su “Crónica General de España” que en noruega, Suecia, Scania hasta las islas Lofoten se “celebraba hasta hace unos 50 años (la obra se escribió en 1870) la fiesta de Balder, la noche anterior al solsticio de verano, en la cumbre de una montaña, donde se realizaba una gran hoguera y todos bailaban y cantaban alrededor del fuego, aún conservan estos fuegos la denominación de Fuegos de Balder”

        Si preguntásemos a alguien que se celebra en el solsticio de Verano, más popularmente conocido en nuestro país como “St. Juan”, la gente lo asociaría principalmente con las hogueras, las buenísimas cocas que se compran en esta fecha, los petardos y cohetes que por desgracia siempre dejan algún lisiado o mutilado en nuestro país, las fiestas o “verbenas” que en pleno verano siempre se agradecen y apetecen.

       Son pocos no obstante los que  a día de hoy son conscientes que esta festividad de tipo cultural, tiene unas raíces mucho más antiguas en el tiempo, anteriores al cristianismo y que de alguna manera estas han sobrevivido en las costumbres y el acervo popular, más allá de la religiosidad, perviviendo como testimonio vivo de un pasado pagano, de una tradición que desde la Península Ibérica a los países Bálticos todavía sigue viva. Y sigue viva de una de las maneras que permite perfectamente mantener viva una tradición, la celebración generalizada en forma de festividad. Forma de establecer un calendario de celebraciones que toda religión desde la más pagana a la más monoteísta han explotado a lo largo de los siglos. Por desgracia nos ha llegado hasta nosotros la versión más popular y carente del sentido religioso y espiritual, pero es un testimonio vivo de un pasado 100% pagano y que ha sobrevivido en forma de celebración hasta nuestros días. Este hecho es común en toda Europa, donde las raíces paganas y politeístas también son comunes.

     Pero hay algo que si a sobrevivido de forma fidedigna y auténtica al paganismo, por desgracia no su parte más espiritual, pero si el concepto pagano de celebración que acompañaban a estas grandes festividades, festividades del pueblo y para el pueblo junto a sus principales Dioses y Diosas.

    Para dar testimonio del Solsticio de Verano, también conocido como el Alban Heruin de los celtas o el Midsummer’s Blót de la tradición Odinista, no necesitaremos, culturalmente hablando ir hasta las lejanas tierras de Irlanda o los fiordos escandinavos, en nuestro país tenemos una tradición tan rica y sobretodo viva que no lo hace necesario.

    Empezaremos por un dato curioso del cual dejó testimonio uno de los pueblos conquistadores más importantes que ha habido en la Península Ibérica, el Romano. En tiempos del Imperio Romano se rendía culto a un Dios llamado “Jano”, el Dios de los portales. Este Dios era un Dios de dos caras, una opuesta a la otra, se dice que una mirando hacia el Solsticio de invierno y otra hacia el Solsticio de Verano, no por simple casualidad, para los Romanos al igual que para el resto de los pueblos paganos de la época, los solsticios marcaban el momento del año donde las “puertas” al mundo de los Dioses estaban más abiertas y la comunicación con ellos y el tipo de energías que representaban era más posible que nunca, ambos portales hacia el más allá, recibían en la antigua Roma el nombre de los “Juanes”.

    Al solsticio de verano van asociadas creencias de todo tipo, desde que es posible si se va al lugar adecuado comunicarse con los dioses, pero sobretodo con los seres elementales de la naturaleza, a todo tipo de creencias positivas, relacionadas con la prosperidad, la fecundidad o el amor. Se creía que era el momento más adecuado para la recolección de las hierbas medicinales que serían utilizadas durante el año. Hay también todo un acervo de rituales derivados de los aspectos de esta festividad.

Quizás uno de los rituales o costumbres más conocidos en nuestro país sea el que año tras año se viene practicando desde hace un sinfín de generaciones en San Pedro de Manrique, Soria, donde hay la costumbre de andar sobre la brasas incandescentes de la hoguera descalzo y con alguien subido a la espalda. Esta costumbre es una reminiscencia de antiguos ritos de fertilidad, que nos recuerdan no por casualidad a las hogueras de Beltaine.

 En Galicia por ejemplo hay la costumbre de darse un baño en el mar a la medianoche del 23 de junio. Se trata de recibir nueve olas, las cuales son símbolo principal de salud y prosperidad. Cabe aquí hacer un pequeño apunte sobre la numerología del número, no es en vano el que sean 9 olas en una festividad de marcado carácter  mágico.  Donde el nueve toma un cariz claramente lunar, asociado siempre a la Diosa, como madre tierra y su aspecto de fertilidad. No es una coincidencia que entre los pueblos germanos, en  Europa se rindiera culto en estas fechas a una antiquísima deidad de la familia de los Vanir llamada Nerthus. Aunque en la actualidad en el odinismo moderno son más celebrados Balder, Thor o la propia “Suna” que es el sol pero que en la mitología nórdica es femenino, muy apropiado por cierto, para una festividad de la fertilidad y la prosperidad.

   Pero la costumbre más extendida de esta festividad son las hogueras. El solsticio es la fiesta del fuego y esta es una fiesta de marcado carácter pagano. Costumbre antiquísima que se extiende por toda Europa, los bailes alrededor de la hoguera son tan ancestrales como la tradición misma. No obstante aunque en la práctica popular el solsticio de verano ha quedado como la fiesta del fuego, la auténtica celebración del fuego y sobretodo la que celebran los herederos actuales del paganismo es el Beltaine  o Samhaim.

    Sea como sea la tradición  la fiesta del fuego y sobretodo sus festejos y rituales que todavía hoy en día, aunque en la ignorancia de su auténtico significado, se siguen celebrando, son sin duda de origen Pagano.

     El muérdago, instrumento de la muerte de Bálder, se recogía en Escandinavia especialmente el día de San Juan, día de hogueras en Noruega, como en toda Europa.

    En la Europa primitiva debieron existir sacrificios incluso humanos en honor de los dioses de la vegetación, y el mito de Bálder pudo ser fábula religiosa explicando por qué quemaban en las hogueras del solsticio estival a un representante humano del roble; una especie de drama sacro interpretado para que el sol brillase, crecieran los árboles, medrasen las cosechas y se preservaran hombres y animales de artes maléficas.

   Si en esos tiempos murió algún Bálder humano, fue pues en cuanto encarnación de espíritus arbóreos o deidades de la vegetación, y el propio Bálder pudo ser, en Noruega, el dios del roble. Ya el fuego sagrado de Vesta, en Roma, fue de madera de roble, con la que se encendían también los fuegos de auxilio en Europa, mediante fricción. El roble era, por tanto, el fuego perpetuo de todos los santuarios europeos de estos siglos, y la leña de roble debió ser el principal combustible de todas las hogueras estudiadas.

      Pero, para la mentalidad escandinava de esa época, mientras el muérdago permanecía en el roble era invulnerable, pues era el asiento de su vida, su alma si quieren. Por eso cuando tenían que matar al dios, cuando tenían que quemar al árbol sagrado, era necesario arrancarle antes el muérdago, si lo tenía. Y cuando, en épocas posteriores, el espíritu del roble se representó mediante hombre, no podría ser sacrificado mientras no arrancaran el muérdago del roble.

       El invulnerable Bálder del mito es así un roble con muérdago; lo que nos confirman creencias italianas, según las cuales no se podía destruir el muérdago con fuego ni con agua. Según el propio mito de Bálder, un enemigo astuto del dios-roble, conocedor del secreto de su invulnerabilidad, arrancó al muérdago del roble, con lo que sacrificó al dios-roble, y después lo quemó en una pira.

       Es así como comprendemos hoy que una ramita de muérdago mate a un hombre-dios, como era por esos siglos en Noruega Bálder.

      Balder es un Dios que debe ser invocado para ayudarnos a que seamos amados y debe ser recordado, y brindar por él en un symbel. No tenemos constancia por nuestros antepasados de que él haga algo por los humanos: su poder no está en lo que él hace, sino en la promesa de lo que él es y se volverá. Es adecuado recordarlo en las dos grandes fiestas del año particularmente: en Midsummer, cuando el Sol está a su altura y nuestros pensamientos se vuelven a los hechos de los héroes jóvenes luminosos y heroínas; en Yule, cuando los muertos están más cerca de la tierra de los vivos y sólo Balder el perenne, nos muestra que la vida saltará adelante de nuevo.

       Sin duda el simbolismo de Balder es el siguiente: muere en Yule y el mundo se hunde en la tristeza, el frio y la muerte y vuelve a renacer en Midsummer cuando un nuevo mundo se ha creado, su color litúrgico es el blanco y sus flores por excelencia son las masgaritas, que representan al sol, con los colores amarillo y blanco.