Día de Sleipnir

Celebramos el 22 de julio el día de Sleipnir, parece que según la tradición monoteísta, solo se debiera convocar a los Dioses, pero los odinistas no pensamos así. Los animales son también sagrados y todos ellos tienen una fuerza inherente que nos mueve a nosotros mismos, son nuestros compañeros y amigos.  Y Odín tenía uno muy grande: su caballo, el animal que los llevaba y transportaba a través de los nueve mundos y fuera de ellos.

Sleipnir es un caballo con 8 patas que procede de la mitología nórdica. Es de color gris, y pertenecía al dios Odín. Sus ocho patas simbolizan los 8 vientos, y, según algunos autores, tendría runas en los dientes. Nació de un engaño que hizo un dios al caballo de un gigante, para que el gigante no acabara su trabajo. Se lo ofreció a Odín. Sleipnir puede cabalgar por tierra, mar y agua; y puede ir a la tierra de los muertos cuando quiere. Es considerado el rey de las monturas. Snorri Sturluson narra la historia de su origen en la Edda Menor.

Cuando los dioses terminaron de levantar el Valhalla y los demás palacios de Asgard- uno de los nueve mundos- llegó a su mundo un maestro artesano que les ofreció construir en torno a él un muro inexpugnable que los gigantes nunca podrían franquear. Sin embargo, el precio era muy alto: como pago el artesano pedía el Sol, la Luna y Freyja como esposa.

Se reunieron en consejo los Ases para tomar una decisión. A casi todos les parecía necesaria una muralla que protegiese su mundo, pero no a cambio de sumir al universo en tinieblas y enviar a la diosa de la fertilidad lejos de Asgard, y además en contra de su voluntad. Solo Loki el señor del caos y del engaño, estaba a favor, y uno a uno fue convenciendo a los demás. Les dijo que bastaba con ponerle al artesano un plazo demasiado corto como para que pudiese cumplir con él. De esta manera no obtendrían la muralla terminada, pero tendrían ya gran parte del trabajo adelantado, y podrían quedarse con el Sol, la Luna y Freyja.

Buscaron al artesano y le dijeron que para cerrar el trato debía comprometerse a terminar la muralla antes del final del invierno y sin ayuda de nadie. Este pidió que le dejasen utilizar a su caballo Svadilfari, a lo cual los dioses accedieron, a instancias de un confiado Loki.

Comenzó la obra, y los dioses se sorprendieron con el tamaño de las rocas que tanto el caballo como su dueño eran capaces de mover y la velocidad con que lo hacían. Veían preocupados que muy posiblemente las murallas estarían terminadas antes de la finalización del plazo, y que ellos no podían hacer nada para romper el trato, pues habían jurado en firme cumplirlo y frente a testigos.

Cuando faltaban apenas tres días para que acabase el invierno, la muralla se alzaba alta y fuerte, sólo le quedaba al maestro construir la entrada. Los dioses se reunieron de nuevo, sabiendo ya que las horas de luz de las que disfrutaban estaban contadas, que nunca más verían a Freyja pasear por los jardines de Asgard. Solo quedaba lamentarse, y preguntarse con amargura cómo podía haber sucedido. ¿Cómo habían llegado a aquella situación? Y a medida que rememoraban aquella primera reunión en la cual habían debatido la oferta del artesano, cada vez más miradas se dirigían hacia Loki el Maestro de las Mentiras, que había envenenado el aire con sus palabras convenciéndolos sutilmente de que debían aceptar.

Los dioses amenazaron agriamente a Loki con terribles castigos si no encontraba una solución al embrollo que había creado. Este juró hallar una manera de que el artesano no cumpliese su parte del trato.

Durante la noche en la que terminaba el plazo, mientras el maestro transportaba con Svadilfari. Las últimas piedras, una yegua salió del entre los árboles y se acercó al caballo, relinchando de forma insinuante, para después dar media vuelta y contonearse en dirección al bosque. El caballo rompió sus arreos y escapó corriendo detrás de la yegua, que no era sino Loki metamorfoseado, y tras ambos salió corriendo el artesano, viendo que con el caballo se iban sus posibilidades de conseguir el Sol, la Luna y la mano de Freyja. Corrió tras ellos toda la noche sin poder alcanzarlos.

A la mañana siguiente, los dioses lo encontraron completamente furioso. Ante sus ojos comenzó a aumentar de tamaño, y entonces comprendieron que no se trataba de un hombre normal, sino de un gigante de las montañas que había intentado engañarlos allí en su propia casa. Como ningún juramento podía atarlos a un gigante, el trato ya no tenía valor, así que Thor se sintió libre para empuñar su martillo Mjöllnir y enviar al gigante al otro mundo de un martillazo.

Un tiempo después, la yegua en la que se había convertido Loki parió un potro, hijo de Svadilfari, de color gris y dotado de ocho patas, el caballo más veloz que jamás haya pisado la tierra, y que fue reclamado por Odín como caballo propio.

Que Sleipnir tenga simbólicamente 8 patas, no es casualidad. El número 8 no está inmerso dentro de la teología Odínica. Es una reduplicación mística: con cuatro patas anda por los mundos visibles, con las otras cuatro pasea por los espacios intemporales, allá por donde no existen caminos que poder transitar, sino que somos nosotros mismos los que los creamos con nuestra voluntad.

El día de Sleipnir es un recordatorio, para todos nosotros, para que no paremos, para que no nos quedemos estancados y permanezcamos en eterno movimiento.

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