Comunidad Odinista de España-Asatru

La Comunidad Odinista de España-Ásatrú (conocida también como COE) es una confesión religiosa neopagana basada en los antiguos cultos religiosos germánicos, nacida en España en 1981, propugnamos la práctica de una religiosidad nativa indoeuropea denominada Odinismo cuya deidad suprema es Odín. La Comunidad Odinista de España-Ásatrú es una confesión religiosa reconocida por el estado español, registrada en el Ministerio de Justicia, con número de registro 1161-SG, fundada en el año 1981.

Odinismo es por lo tanto nuestra religión, una explicación tradicional del porqué de nuestra existencia, de nuestra naturaleza, del mundo, de la vida y de la muerte, acorde con nuestra sabiduría ancestral. No existe un principio y un final, nos desenvolvemos en una espiral de eternidad: “Todo lo que es, perece, todo lo que fue, volverá a ser”.

 Nuestra religión no es ni puede ser nunca una religión de salvación. Rechazamos una existencia en el mundo para redimirnos de una hipotética falta inicial propia de nuestra naturaleza humana. En nuestra visión del hombre, éste puede moldear su ser, su destino a base de voluntad, es pues la nuestra una religión de voluntad, pero también de honor, de coraje, de fidelidad, donde el conflicto es el verdadero motor vital que nos hace libres. Es voluntad, es la superación de nosotros mismos lo que nos asemeja a nuestros hermanos mayores, los distintos dioses; no somos algo opuesto sino que ellos dependen de nosotros y nosotros de ellos: “Los dioses son hombres inmortales y los hombres dioses mortales”. Queremos el renacimiento religioso de Europa, y para ello necesitamos que sus hijos e hijas, hombres y mujeres, olviden al dios cruel y vengativo surgido de los desiertos para así encontrase con los dioses durmientes de sus antepasados, es hora de despertar para caminar todos juntos de nuevo hacia la luz que viene del norte y volvernos a encontrarnos a nosotros mismos.

 Es nuestra religión una religión del pueblo y para el pueblo, no puede ser de otra manera, es el alma que anida en nuestro pueblo desde donde nace todas nuestra creencias y valores, y es al pueblo hacia donde nos debemos dirigir para encontrar esas constantes inmutables. De esto se desprende nuestro frontal rechazo a toda la disociación operada por el Judeocristianismo del cuerpo y la alma, de lo sagrado y lo profano. Con esa separación radical, el hombre se vio despojado de su unidad sustancial, para aparecer un cuerpo corrupto y pecador y una alma inmortal propiedad del todo poderoso Yahve. Para los monoteistas lo más importante es esa alma en detrimento del cuerpo, de lo externo, de lo identificable; de esto, a una concepción del hombre en abstracto sólo había un paso. Para ellos es el individuo un ser desligado de todo tipo de lazos con cualquier comunidad, sin  historia, y totalmente autónomo de todo lo que le rodea, un hombre que tan sólo se tiene que ocupar de salvar su individual alma pecadora. Para las religiones orientales monoteístas tan sólo existe el individuo y como extensión la humanidad, lo universal, ambos conceptos abstractos y falaces.

Queremos volver nuestros rostros a la religión de nuestros antepasados, no exclusivamente por contestación ante el sistema actual de valores, no por oposición a creencias y religiones orientales que han estado dominando durante siglos nuestra alma; no, si hemos mirado de nuevo al Norte, es para encontrar nuestra luz, es por que queremos ser nosotros mismos, por que queremos vivir y sentirnos como seres humanos libres, herederos de un gran pueblo y portadores de un legado para las futuras generaciones.

Que los dioses iluminen nuestra marcha y nos den su fuerza, sabiduría y coraje.