Suicidio y Odinismo
El tema del suicidio siempre ha sido polémico y se ha puesto en actualidad con el suicidio asistido de Noelia Castillo, una joven de 25 años que ha terminado con su vida mediante eutanasia asistida.
En el contexto del paganismo, el suicidio no se ve bajo una única doctrina moral, sino que varía según la tradición específica (grecorromana, nórdica, etc.). A diferencia de las religiones abrahámicas que suelen condenarlo como un pecado, muchas corrientes paganas lo consideran una cuestión de honor, autonomía personal o destino.
A continuación, se detallan los aspectos principales del suicidio en el paganismo:
- El Suicidio como Acto de Honor y Libertad
En la antigüedad clásica (Grecia y Roma), el suicidio era a menudo una salida digna para evitar la deshonra, la esclavitud o una vejez degradante.
Estoicismo: Filósofos como Séneca defendían que el sabio tiene la «puerta abierta» para salir de la vida si esta ya no le permite vivir con virtud o si el sufrimiento físico es insoportable.
Ejemplos históricos: Emperadores como Otón o filósofos como Catón el Joven se suicidaron para no someterse a tiranos o para evitar el colapso de sus ideales políticos.
- Paganismo nórdico y germánico
En la tradición nórdica, la forma de morir determinaba el destino en la otra vida.
Muerte en batalla: El ideal era morir combatiendo para ir al Valhalla.
Suicidio ritual: Aunque no era común, existían relatos de ancianos o enfermos que buscaban una muerte activa (como saltar de un acantilado o «marcarse» con una lanza) para no morir de «muerte de paja» (vejez o enfermedad) y así evitar el Helheim.
Sabiduría práctica: Textos como el Hávamál aconsejan que es «mejor estar vivo que muerto», sugiriendo una valoración vitalista de la vida sobre el final autodeterminado.
- Perspectiva Neopagana Contemporánea
El neopaganismo moderno suele poner énfasis en las circunstancias particulares y la responsabilidad personal.
Sin condena eterna: No existe el concepto de «infierno» o castigo eterno por suicidarse.
Conexión con la naturaleza: Se ve la muerte como una transición natural, aunque se enfatiza la importancia de cumplir con el propósito de esta vida antes de partir.
- El Suicidio como Sacrificio
En algunas tradiciones antiguas, el sacrificio humano (incluyendo el autosacrificio) se realizaba para apaciguar a los dioses o asegurar la prosperidad de la comunidad. El ejemplo más famoso es el del dios Odín, quien se «sacrificó a sí mismo» colgándose del árbol Yggdrasil para obtener entre otras cosas, el conocimiento de las runas.
Antecedentes
La palabra suicidio significa «sui» si mismo «cidium» matar. Las raíces del suicidio como fenómeno son muy lejanas, no existiendo períodos en la historia de la humanidad en que no se haya practicado. No obstante, las formas de suicidarse y la actitud de los hombres ante el suicidio han variado históricamente. Los judíos y por consiguiente el pensamiento judeocristiano, mantienen una actitud de abierta condena, a diferencia de los griegos y romanos que expresaron una positiva tolerancia. Seneca el Romano, que por demás era estoico, interpretando la actitud de los hombres de su época, planteaba que el hombre sabio vive lo mejor que puede, no lo más que puede y siempre pensara sobre la vida en términos de calidad, no de cantidad. los japoneses, fundamentalmente en la época del shogunato, lo tomaban como un acto ritual (haraquiri) honroso y necesario.
En el siglo XVIII, Paul Heinrich Dietrich, barón de Holbach, quien era del criterio que cuando un hombre se mata es porque la vida para él es mucho más un mal que un bien y su existencia ha perdido todo valor. Otro de los grandes de la modernidad, I. Kant, consideraba que el suicidio no podía justificarse desde el punto de vista moral. Arturo Schopenhauer, sentenciaba que el suicidio niega solo al individuo y no a la especie, por lo cual es un acto insensato. Según él, el individuo persigue eliminar su existencia dolorosa sin percatarse que el dolor es un elemento esencial a la vida como cosa en sí. El suicida, afirma Schopenhauer, ama la vida; lo único que le pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece. Federico Nietzsche (1844-1900), fundador de la Filosofía de la vida, ve en el suicidio una forma de realizar la voluntad y morir a tiempo, evitando la vejez, la decrepitud o una vida vergonzosa. Según él, todos los que buscan la gloria deben despedirse a tiempo de los honores y ejercer el difícil arte de retirarse con oportunidad.
El suicidio es un acto humano y por tanto no escapa a esta regularidad. La causa inmediata del mismo es la idea suicida, en tanto que idea que el hombre realiza o ejecuta. La idea suicida es muy vieja, es tan antigua como la conciencia del hombre. Ella existe en la conciencia social de forma abstracta y genérica (como concepto), y los hombres al venir al mundo lo que hacen es tomarla, incorporarla a su conciencia individual. Por tanto, de lo que se trata no es de la creación del concepto del suicidio, sino de la elaboración de la idea del suicidio en cuanto al cómo, donde, cuando, entre otras. La elaboración de la idea suicida pasa por varias etapas y debe estar acompañada o precedida del convencimiento del sujeto de la necesidad de suicidarse y la toma de decisión al respecto. Aún en los casos en que el suicidio aparece asociado a una forma de conducta aparentemente irreflexiva (bajo un trastorno situacional transitorio, reacción aguda, entre otras), siempre esta mediatizado por el acto consciente, aunque este último no obedezca a una meditación prolongada.
Normalmente, la fundamentación racional del suicidio está precedida o acompañada de una serie de sucesos (desfavorables, negativos) que van convenciendo al hombre y cristalizan en la toma de la idea en cuestión como una solución (real o aparente) de sus problemas vitales. Lo que el paciente que intentó suicidarse refiere al psiquiatra no es más que el motivo (el último suceso en aquella cadena de sucesos negativos o desfavorables) que llevó al hombre a tomar la decisión (rompimiento de la medida) de intentar suicidarse. Lo que se ventila en el dilema de suicidarse o no, no es más que el problema del sentido de la vida.
La pérdida del sentido de la vida (pérdida real o aparente) es la causa inmediata de la elaboración y ejecución de la idea suicida. La causa de la pérdida del sentido de la vida, a su vez, debe buscarla en la incidencia de los factores biológicos, psicológicos, culturales, espirituales, entre otras. Hasta ahora, las distintas teorías que han intentado explicar la causalidad del suicidio no han hecho más que tomar estos factores de forma aislada, independientemente unos de los otros. No han tenido en cuenta que estos están sintetizados orgánicamente en el concepto «sentido de la vida», el cual aparece como suma, compendio, resumen de lo vivido.
El sentido de la vida no es algo abstracto, sino concreto. En su expresión subjetiva, el sentido de la vida humana está formado por un conjunto bastante amplio de metas, aspiraciones, deseos, entre otras, propio de cada individuo y su sistema de valores. El sentido de la vida es irrepetible entre los distintos sujetos y esto se debe a que cada uno de ellos ocupa un lugar único y específico en la sociedad. La conciencia no puede ser otra cosa que el ser consciente y el ser de cada individuo es irrepetible, coincidiendo con su proceso de vida real.
El proceso de vida real es el sustrato objetivo a partir del cual el hombre elabora su concepto de sentido de la vida. Los hombres debieran proponerse siempre metas alcanzables, con ello la sociedad se ahorraría gran cantidad de suicidios. Pero por desgracia, la mayoría de las personas no siempre tienen claro lo que quieren y menos aún se preguntan por la realidad o terrenalidad de sus aspiraciones. De aquí que no todo sujeto que declara sin sentido su vida, lo hace partiendo de una valoración objetiva de la misma. En muchos casos la vida sigue teniendo objetivamente su sentido, lo que el individuo lo ha perdido de vista por errores lógicos, epistemológicos, axiológicos, entre otros. Claro que puede darse la situación en que la vida pierda objetivamente su sentido. Es el caso de las costumbres y tradiciones que en determinadas circunstancias obligan al hombre a suicidarse.
Aquí el sujeto no tiene la posibilidad de elección, al menos con respecto al morir o no. El individuo ha constatado que ha muerto como proyecto vital, solo le resta añadir a la muerte espiritual la biológica.
La muerte espiritual del hombre es equivalente a la pérdida total y objetiva del sentido de su vida. La mayoría de las personas que se suicidan lo han intentado con anterioridad. El intento suicida es un grito de auxilio, siendo la respuesta del medio por su importancia crucial la que decidirá si el suicidio será o no finalmente consumado. La relación estriba en que el intento suicida evoluciona generalmente hasta el suicidio.
La muerte como recepción del suicida en el Odinismo
Para analizar el comportamiento suicida, hemos de valorar la concepción de la muerte desde que evaluamos esta compleja conducta. En el paganismo, la muerte no se percibe como un final absoluto o un juicio punitivo, sino como una transición natural dentro de un ciclo eterno. A diferencia de las religiones abrahámicas, no existe una visión única del «más allá», sino múltiples destinos que dependen de la cultura y, a menudo, de la forma en que se vivió o murió.
Concepciones principales según la tradición
Paganismo Nórdico: La muerte era una transición hacia diversas moradas. Los guerreros caídos en combate aspiraban al Valhalla (salón de Odín) o al Fólkvangr (campo de Freyja). Quienes morían por vejez o enfermedad solían ir a Helheim, un lugar que, aunque a menudo se describe como sombrío, no era necesariamente un sitio de castigo. Los ancestros eran venerados como espíritus protectores de la familia.
Paganismo Romano: Se veía como el paso a una nueva vida que debía ser celebrada y honrada con ritos funerarios, banquetes y festejos que podían durar hasta nueve días.
Paganismo Eslavo: Aunque el conocimiento es fragmentado, se sabe que practicaban la cremación y la inhumación, enterrando a los muertos con objetos para su uso en la otra vida. Existe una fuerte presencia de la idea de la reencarnación en sus tradiciones.
Elementos comunes en las creencias paganas
Ciclicidad: La muerte es parte de la rueda de la vida, similar a las estaciones del año.
Veneración de los Ancestros: Los muertos mantienen un vínculo con los vivos; se les ofrecen libaciones y se busca su guía.
Continuidad del Ser: El alma o esencia continúa existiendo en otro plano, ya sea en un reino espiritual o regresando a la tierra en una nueva forma.
Conexión con la Naturaleza: Morir es «volver a la tierra», reintegrándose en el flujo de la energía natural.
Lo que pensamos los Odinistas
El universo energético está construido sobre la base del Árbol del Mundo Yggdrasil. Parece un reloj de arena, con una corona de ramas en la cima, un tronco centralizado y una roja de raíces. Nuestro mundo está anclado en el tiempo y el espacio.
Yggdrasil es el gigantesco fresno perenne que actúa como el árbol de la vida o árbol del universo, manteniendo unidos los nueve mundos en sus ramas y raíces.
Los Nueve Mundos
El árbol conecta diferentes planos de la existencia, distribuidos en tres niveles:
- Asgard: El reino de los dioses Æsir, gobernado por Odín.
- Midgard: El mundo de los seres humanos.
- Helheim: El reino de los muertos.
- Jötunheim: La tierra de los gigantes.
- Alfheim: El hogar de los elfos de la luz.
- Svartalfheim: El mundo de los enanos (o elfos oscuros).
- Vanaheim: El hogar de los dioses Vanir.
- Muspelheim: El reino del fuego.
- Niflheim: El reino de la oscuridad, el hielo y la niebla.
Criaturas que lo habitan
Diversos seres viven en relación directa con el árbol, afectando su salud y equilibrio:
- Níðhöggr: Un dragón que habita en las raíces y las roe constantemente para intentar derribar el árbol.
- Ratatöskr: Una ardilla que corre por el tronco llevando insultos y mensajes entre el dragón y el águila de la cima.
- Veðrfölnir: Un halcón sentado entre los ojos de un águila sin nombre en la copa del árbol.
- Cuatro ciervos: Dáinn, Dvalinn, Duneyrr y Duraþrór, que se alimentan de las hojas del fresno.
Significado simbólico
Etimología: Su nombre significa literalmente «corcel de Ygg» (siendo Ygg uno de los nombres de Odín), en referencia al sacrificio que hizo el dios al colgarse de sus ramas durante nueve días para obtener el conocimiento de las runas.
Conexión cósmica: Representa la regeneración, el renacimiento y el eje central del orden del cosmos para los pueblos germanos y escandinavos.
Vinculado a Yggdrasil, encontramos el Sacrificio de Odín
Odín, tenía una sed insaciable de conocimiento y magia para entender el mecanismo de la vaidm y el consiguiente Ragnarök. Esto le llevó a realizar dos sacrificios principales:
El Ojo en el Pozo de Mimir: Para beber del pozo de la sabiduría situado bajo una raíz de Yggdrasil, Odín sacrificó su ojo izquierdo. Esto le dio la capacidad de ver el pasado, presente y futuro.
Colgado en Yggdrasil (Las Runas): Se colgó a sí mismo del árbol del mundo durante nueve días y nueve noches, atravesado por su propia lanza (Gungnir), sin comida ni bebida. Este acto de «autosacrificio» fue necesario entre otras cosas, para aprender el secreto de las runas, poderosos símbolos mágicos.
Estos dos conceptos son claves para entender el misterio de la vida y la muerte, repetimos los atributos que asignamos a este misterio:
- Ciclicidad:
- Veneración de los Ancestros:
- Continuidad del Ser
- Conexión con la Naturaleza:
La muerte no es sino un retorno a la vida, en Yggdrasil vemos la concepción de los 9 mundos, que no es otra que la de la multiplicidad de dimensiones alternativas a esta, la Ciclicidad nos remite a un mundo después de otro, a través de la Naturaleza, no solamente en la Tierra sino más allá de ella.
La muerte por lo tanto es un concepto temporal, por el que se pasa a otra dimensión. No un fin último y permanente. El universo está en continuo movimiento y la vida es inagotable. Carl Gustav Jung afirmaba que el momento de morir guardaba especial transcendencia para el tránsito a la siguiente dimensión.
Principios clave de Jung sobre la muerte:
La Muerte como Proceso de Integración: Jung consideraba que la muerte es el clímax de la vida, un cambio de estado y no simplemente un final terrorífico. Argumentaba que el inconsciente humano no registra la muerte como un punto final definitivo, sino como un paso más en el proceso de individuación.
«La vida no vivida es una enfermedad»: Una de sus ideas más célebres es que el miedo a la muerte a menudo proviene de una vida no vivida. Si el individuo reprime su verdadera esencia y deseos, surge un sufrimiento existencial que puede llevar a una muerte prematura o simbólica antes de la física.
Enfrentar la Mortalidad: Jung sostenía que enfrentar la propia mortalidad es clave para vivir plenamente. Negar la muerte es un mecanismo de defensa, pero limita el acceso a la sabiduría profunda de la existencia.
La Muerte como «Renacimiento»: Inspirado por mitos y símbolos, veía la muerte como un arquetipo de transformación, similar al ave fénix, donde el proceso de morir (físico o simbólico) prepara para una forma diferente de ser.
La Persistencia del espíritu: Aunque evitaba afirmaciones metafísicas, Jung se inclinaba a creer que hay algo en la psique que persiste después de la muerte corporal, basándose en la repetición de experiencias subjetivas y sueños de sus pacientes.
Desde esta visión, el suicidio es visto como un acto de acabamiento de una realidad trágica e inalterable, donde no podemos hacer nada por enderezarla, pero en ningún caso como el fin de esta etapa.
Cuando la deriva personal acaba en los pensamientos suicidas y estos con la perpetración de este, no cabe más que pensar que el suicida no ha conseguido reponerse de su lamentable estado en esta vida. Donde no existe el libre albedrío. Es muy importante este concepto cristiano. Libre albedrío significa voluntad plena para tomar las decisiones necesarias para cambiar el rumbo de nuestra vida, y de hecho, poder cambiarla.
Pero para nosotros el universo es determinista, nosotros confiamos en las Nornas, las garantes de Destino. Cuando alguien ha llegado al punto del suicidio, representa un fracaso en su experiencia vital que ha sido insuperable para él. No solo no ha podido impedirlo, sino que la decisión de acabar con su propia vida es ya ajena a su propia voluntad. No tiene otro camino que transitar. Se llega al suicidio por muchos caminos, pero el que nos ocupa, siempre recordando a Noelia Castillo, es por angustia y desesperanza, es por la plena convicción de que nada va a mejorar, que la vida se torna en un sufrimiento insoportable y que así no puede seguir. No hay otra opción. Quizá en otra existencia o reencarnación, pero en esta se ha llegado a un callejón sin salida.
Para el Odinismo, es suicidio es una fatalidad, el destino a través de sus mecanismos ha llevado al sujeto de una situación a otra de una forma inexorable, y cuando se da cuenta, ya es demasiado tarde, la vida no admite marcha atrás. No es bueno abandonar este mundo sin haber intentado seguir nuestro camino y supone un fracaso personal y un especial dolor para los familiares y allegados. Pero no tiene una categorización moral negativa. No hay consecuencias éticas en su hecho. Tampoco es un acto de libertad como dicen los ateos, pues el suicida quiere vivir, pero no en esas condiciones. Es un acto impuesto por su propia condición y las circunstancias que le han llevado al mismo.
Es por eso, que nosotros no juzgamos a quien lo comete, ni censuramos el acto mismo. Solo pedimos a los Dioses, que esa mirada del suicida no se instale en nuestros corazones y tengamos el coraje y la valentía de seguir viviendo.
Ernesto García
Ufargodi

