Los Mitos en el Odinismo

El tiempo cronológico para el Odinismo

El Odinismo no se mueve bajo una perspectiva temporal lineal (con un principio y un final ciertos e inaccesibles); sino que su concepción del tiempo es cíclica (esférica), en donde el eterno retorno se convierte en el hilo conductor que nos dimensiona a una idea de continuidad (“surgir-existir-desaparecer hacia un nuevo surgir”).

Por ello conceptos tales como el pasado o el futuro existen y se entienden en la medida que se insertan en el presente, un presente constante. El pasado y el futuro son ahora. De tal modo que podemos concluir que el tiempo realmente no existe tal y como lo comúnmente lo entendemos, lo que verdaderamente existe es un ahora eterno. No hay otro espacio de tiempo fuera del ahora, no existe dentro de nuestro presente otro lugar fuera de aquí. El aquí y ahora es por lo tanto todo lo que efectivamente existe. Si queremos saber cómo fue nuestro pasado solamente tenemos que mirar lo que somos ahora. Y si deseamos conocer nuestro futuro, debemos observar lo que estamos haciendo en este preciso instante. Ya que todos nacemos como herederos, somos los encargados de traer a nuestro presente (a lo actual) todo lo realizado por nuestros antepasados para depositarlo ante las futuras generaciones.   El   pasado  no  es  un   punto inicial sin retorno, sino un verdadero porvenir: “lo que está en el origen, se mantiene siempre como un porvenir, permanece constantemente bajo la influencia de los que está por llegar” (Martín Heidegger). 

Nosotros no podemos contemplar la temporalidad en relación a parámetros meramente cuantitativos (cantidad de tiempo); la nuestra es en cierta medida una “atemporalidad”; una vivencia en la constante revitalización de arquetipos más allá de la historia “monolineal” del pasado, el presente y el futuro como espacios cronológicos imposibles de revivir. El tiempo así entendido sería una eternidad cuantificada; atemporalidad acotada por nosotros mismos en fragmentos y momentos cronológicos. La existencia es una eterna danza intemporal.

En nuestra cultura tradicional no existe de una manera exacta la pretendida evolución del hombre (tal y como proclama el materialismo científico), puesto que de lo inferior (lo animalesco) nunca puede surgir lo superior (el hombre).En cambio  contemplamos un mundo cíclico compuesto por numerosas edades sucesivas, que van desde una primera edad de Oro1 situada en los orígenes del tiempo conocido, hasta la actual edad de Hierro en cuanto a fase final del ciclo presente. Por lo tanto entendemos que más que evolución lo que existe es una verdadera involución; ya que el hombre parte desde una naturaleza semidivina, para después descender hasta llegar a posicionamientos inferiores, equiparándolo y rebajándolo únicamente a perspectivas material-zoológicas. Esta última edad de hierro se caracteriza por poseer unas fuerzas destructivas y decadentes tales, que son capaces por si solas de precipitar la caída absoluta del hombre y de su mundo. Pero a la par podemos considerarlas como inevitables e invariablemente necesarias para destruir el tiempo, y volver de este modo al principio de un nuevo ciclo de esplendor.

Invariablemente podemos considerar al Odinismo como un movimiento religioso con “memoria histórica”: no ansia volver al pasado, sino más bien ligarse con él, para así alcanzar lo eterno haciendo fluir el incesante río de la vida. No es una cronología lo que nos posibilita “retornar al pasado”, sino una autentica mitología la que nos permite mirar a través del tiempo y descubrir las constantes imperecederas que superan al tiempo mismo. Por lo tanto, el mito Odinista es eminentemente sagrado, y su plasmación efectiva sacraliza el mundo y la misma existencia del hombre. En contraposición el “mito” de la modernidad es únicamente profano, y se centra exclusivamente en lo material, bautizando así al  progreso a modo de motor histórico que crea la evolución lineal del tiempo. La verdadera panacea que representa el progresismo para la civilización Occidental es la clave para entender el principio fundamental del “tiempo” desde una perspectiva contemporánea: una sucesión continúa de acontecimientos inalterables que progresan a base de unos valores y principios racional-mecanicistas como fundamentos de la existencia humana. En cambio el Odinismo apela al ”Eterno Retorno” de lo semejante, que en su movimiento circular permanece inalterable en un punto de eternidad sagrada (este es precisamente el grafismo de la Svástica); el tiempo se mueve, cambia, pero a la vez permanece inextinguible; siendo de hecho el pasado, el presente y el futuro una misma realidad comprensible.

Historicismo y progresismo son dos derivas claras de un judeocristiano manifestado bajo una preceptiva ideológica. La corriente historicista sostiene una concepción de los acontecimientos históricos como hechos racionalmente comprensibles y previsibles, en progresión lineal hacia un final cierto (una parusía política). Consecuentemente la ideología del progreso proclama que todo pasado por el mero hecho de serlo es erróneo e incompleto, y el futuro, por ser “lo posterior”, traerá necesariamente una superación de todo lo “antiguo”. De este modo, y tras la caída de los regímenes comunistas, el occidente judeocristiano programó solemnemente nada menos que el “final de la historia”; así mismo el progresismo contemporáneo aborrece de todo concepto tradicional (por ejemplo la familia) por ser hechos, valores o comportamientos, existentes en épocas que se sitúan en un pasado supuestamente imperfecto. Progresismo e historicismo no son más que dos falacias pertenecientes al discurso de la modernidad, que condicionan gravemente la consecución de unos parámetros positivos de desarrollo humano y social fundamentado en los arquetipos míticos.

Cuando apelamos al paganismo odinista no estamos proponiendo ninguna regresión histórica (imitación del pasado), sino el renacer del Odinismo como un nuevo  comienzo; en donde hombres y mujeres, libres y conscientes de su legado, puedan plasmar en el presente toda la fuerza espiritual heredada de sus ancestros. Un porvenir construido en base a una autenticidad imperecedera, que nos dirija de la muerte a la vida, y del hombre a la divinidad.

Consideración del mito para el Odinismo

Entendemos el mito como una “realidad sagrada”, que no solo nos devuelve a un pasado, sino que también nos sirve instrumento destinado a la transformación del hombre. El odinista como homo religiosus que es, pretende vivir en constante comunidad con sus dioses y antepasados ancestrales. La presencia de éstos en nuestro mundo no es de orden histórico, ni cronológico, sino que ellos se nos manifiestan desde un “origen” primordial, desde un orden de naturaleza mítico. Para nosotros, los odinistas, los dioses y seres divinos desplegaron y desarrollan su actividad también en este mundo, en la tierra, de ahí el deseo de reencontrarnos con ellos en la consecución de un espacio existencial puro, fuerte y sagrado.

Por todo ello, el mito se convierte en una autentica idea de fuerza; en un modelo ejemplar a imitar: una historia sagrada acaecida en un tiempo primordial que el hombre inserta dentro de lo real. Lo mítico así entendido, establece un modelo a seguir dentro de todos los ámbitos vitales del hombre en la consecución de un estado religioso, social y cultural específico: en cuanto al sexo, la guerra, el trabajo, la educación, el gobierno…La emulación de nuestros dioses, héroes y antepasados, nos transporta a un espacio atemporal en donde lo sagrado es traído a nuestro espacio cotidiano, con el objetivo de irradiar una vida religiosa entendida como una constante conmemoración divina.

“Así lo hicieron los dioses, así lo hacen los hombres”. (Çatapatha Brahmána).

Todo lo expuesto hasta el momento se encuentra en franca contraposición con un concepto del hecho religioso bajo una perspectiva de revelación historicista; en donde los actos de la divinidad se encuentran dentro de un tiempo histórico irreversible. Unos acontecimientos histórico-religiosos cuyo máximo exponente lo podemos encontrar en la encarnación humana del propio dios (como carpintero, por ejemplo) dentro de una delimitación territorial y cronológica reconocible (Judea en época del gobernado romano Poncio Pilatos). En esta dimensión dominada absolutamente por el espacio- tiempo inalterable, no cabe por lo tanto, la posibilidad de creencias e interpretaciones transhistóricas más allá del acontecimiento histórico preciso. Bajo esta perspectiva “el tiempo se presenta como una duración precaria y evanescente que conduce irremediablemente a la muerte”. (Mircea Eliade, Lo Sagrado y lo Profano). El fiel perteneciente a una religión historicista no puede sino tener mera nostalgia del tiempo en que dios se hizo presente en el mundo; siendo por este hecho consciente que nuca podrá llevar a su actualidad los hechos divinos, y transformar así su tiempo en un espacio sagrado. La añoranza del “paraíso” pretérito es una actitud de manifiesta impotencia ante unos hechos que superan al propio creyente, el cual percibe que dichos acontecimiento santificados por la presencia divina jamás se volverán a repetir, provocándole una total desesperación tan solo curada en el “final de los tiempos”, cuando de nuevo dios volverá a la tierra para juzgar a “vivos y muertos”, y cerrar así el ciclo del tiempo.

Para el Odinismo no cabe otra posibilidad que la de recuperar los mitos propios de nuestra fe, en cuando a sistemas religiosos-vitales que nos acercan a los dioses y al espíritu ancestral de nuestro pueblo. La fuerza del mito es la herramienta más poderosa con la que podemos contar en aras de construir una estructura religiosa en sintonía con nuestra alma ancestral transmitida desde los tiempos primordiales; de ahí nuestro empeño en traer a nuestro universo religioso todo aquello que se presenta como legado de nuestros dioses, héroes y antepasados míticos.

Los mitos nórdicos

La mitología es un conjunto de relatos simbólicos, cuyo trasfondo nos descubre un universo ideológico arraigado en un substrato cultural y religioso determinado. Es la manera tradicional de presentar los significados más sublimes de nuestro universo bajo la forma de una clave, en donde convergen diversos parámetros derivados de nuestra alma atávica más genuina. Por consiguiente, podemos establecer unas pautas o puntos clave dentro de la mitología nórdica, en cuanto a sistema simbólico-ideológico de la religión Odinista.

A modo de resumir lo más esencial del vasto y rico universo de la mitología germánico- nórdica, dividiremos ésta en algunos puntos básicos imprescindible para entender y acceder a la vasta representación simbólica de sabiduría que subyace bajo las brumas de ese Norte primordial, tan presente en nuestro mundo arquetípico.

El comienzo del mundo (cosmogonía). Antes del principio de los tiempos existía el Ginnungagap “Abismo abierto”, un lugar impregnado por el vacío. En el sur de éste“abismo” se encontraba el Muspellheim (el Mundo de Muspell), un lugar imperado por el fuego ardiente.

En el polo opuesto, el Norte, se halla la región de los hielos y el frío, Niflheim (Mundo Tenebroso). En este lugar se encuentra la fuente de Hvergelmir, desde donde surgen diez ríos.

Cuando las chispas de fuego que se escapan del Muspellheim se encuentran con los hielos del Niflheim, éstos se funden y crean así al gigante primordial Ymir. Mientras Ymir dormía, sudaba, y de su sudor surgieron la primera pareja de gigantes. Así mismo, del deshielo también surgió la vaca Audumla. El gigante Ymir se alimentaba de los ríos de leche que manaban de Audumla, que a su vez se nutria lamiendo los bloques de hielo. Al lamer la escarcha que cubre las piedras, deja al descubierto al primer ser humano, Buri, un ser andrógino capaz de reproducirse a sí mismo: de este modo tuvo a su hijo Burr, que se casó con Bestla, hija del gigante Bolthor, descendiente de Ymir.

Burr y Bestla tuvieron tres hijos: Odín, Vili y Ve (los primeros dioses). Éstos se rebelaron contra los gigantes matando a Ymir, colgándole en medio del Ginnungagap. Con  él  formaron  el  mundo  conocido:  con  su  cuerpo hicieron la tierra, con su sangre el mar y los lagos; las montañas de sus huesos; las piedras y guijarros fueron sus dientes rotos. También utilizaron su cráneo para hacer la bóveda del cielo, sujetada por cuatro enanos en cada punto cardinal. Para construir el mundo de los hombres (Midgardr), utilizaron las pestañas de Ymir, realizando con sus sesos las nubes.

El hombre-Ask (fresno) y la mujer-Embla (parra), fueron creados en base a troncos de árbol: Odín les dio aliento de vida (önd); Vili les otorgó entendimiento y movimiento, y Ve, los sentidos y el lenguaje.

Yggdrasill. El Fresno del Mundo. En todas las culturas y tradiciones el árbol ha sido un elementos importante como símbolo de vida, regeneración y de unión con lo divino.

Yggdrasill (Corcel de Yggr), es el árbol cósmico (Axis Mundi) de la mitología nórdica: un fresno que representa el centro; todo saber, el destino y la vida. Entre sus raíces y ramas se unen los nueve mundos: Asgard, Midgard, Helheim, Niflheim, Muspellheim, Svartalfheim, Alfheim, Vanaheim y Jotunheim. De sus raíces mana la fuente de Mimir, que es manantial se sabiduría.

Es su copa mora un águila. La ardilla Ratatösk, sube y baja por su tronco. Ocho reptiles roen sus raíces y cuatro ciervos mordisquean sus ramas: Dáinn, Dvalinn, Duneyrr y Duraþrór; así como la cabra Heidrun. Las nornas riegan todos los días a Yggdrasill con agua y arcilla claras, junto a la fuente de Urdr.

Los Nueve Mundos. Yggdrasill divide el universo en nueve mundos, que son los siguientes:

  1. Asgard: El mundo de los dioses Aesir, que a su vez lo forman el Walhalla (Estancia de los Ociosos), morada de Odín y paraíso de los guerreros. Thrudheim (Mundo de la Fuerza) dominio del dios Valaskiaff lugar del trono de Odín. Gladsheim (Mundo Brillante) lugar en donde se encuentra el palacio de Odín. y en donde se reúnen los dioses en asamblea.
  2. Vanaheim: Lugar de origen de los dioses Vanes, divinidades de la naturaleza, la fecundidad y la magia
  3. Midgard: Mundo de los hombres. El Asgard y el Midgard están unido por el Bifrost (Vacilante Camino del Cielo), por el cual los dioses pueden bajar a la tierra.
  4. Muspellheim: Lugar ardiente en donde vivía en gigante Surt, señor del
  5. Alfheim: Tierra de los Elfos Luminosos. Estos elfos solían bajar al Midgard en un rayo de luna para danzar en círculos mágicos.
  6. Jotunheim: Morada de los gigantes enemigos de los dioses y de los hombres. Este espacio rodea al Midgard, aunque está separado por él por la serpiente Jomurgand.
  7. Svartalfheim: Mundo subterráneo, lugar de los enanos (elfos) oscuros, eran excelentes herreros y aparecían en el Midgard por la noche; ya que si les sorprendía un rayo de sol quedaban
  8. Helheim: Reino oculto de la diosa de la muerte, Hel. Allí iban a parar los que miran por muerta
  9. Niflheim: Mundo subterráneo frió y sombrío, habitado por la serpiente Nidhogg que roe las raíces del Fresno del Mundo

Las Dioses. Sobre este apartado hablaremos más adelante.

Seres sobre naturales. Citemos algunos de los más importantes:

  • Las Nornas: Disas hacedoras del destino. Urðr («lo que ha ocurrido»), Verðandi («lo que está ocurriendo») y Skuld («lo que debería suceder»).
  • Gigantes: Representación de la fuerza primaria y la brutalidad. Son enemigos de los hombres y los
  • Enanos (dvergr): Son una raza asexuada, ya que no se pueden reproducir. Viven en las entrañas de la tierra, son excelente herreros y orfebres. Cuentan con una sabiduría y artes mágicas ocultas, que les permiten forjar herramientas y armas prodigiosas.
  • Elfos (álfar): Seres luminosos, en origen benéficos para la humanidad. Los elfos serían muertos bondadosos elevados a la categoría de genios tutelares. De este modo los enanos serian muertos-materia, en contraposición a los elfos que sería muertos-espíritu.
  • Valquirias: Las que eligen los guerreros caídos en el combate para morar en el Walhalla. Las Valquirias ejercen una función guerrera y también una función tutelar, son magas, esposas-amantes: favorecen, ayudan y se casan con aquellos que son partidarios de Odín.

El Ragnarök. El principio del fin da comienzo cuando el Sol y la Luna son devorados por el lobo Fenrir tras escapar de sus cadenas; entonces el mundo se sumió en la oscuridad y el invierno como anuncio del cataclismo que sucederá. La tierra se convulsiona, y la serpiente del Midgard sale del mar provocando cuantiosas inundaciones. Se atisba la gran batalla del Ragnarök (Juicio de las Potencias) en donde el ejército de los dioses se enfrentará a las huestes de Loki. Los gigantes abandonan sus dominios para asaltar el Walhalla. Odín muere a manos de Fenrir atrapado en sus fauces; su hijo Vidar le venga matando al monstruoso lobo. Frey es abatido por Surtr; Thor mata a la serpiente del Midgard, pero éste también muere al inhalar su veneno. Tiwaz y el perro guardián del Hel, Gorm, se matan mutuamente; lo mismo sucederá con Loki y Heimdallr. El gigante del fuego, Surt, envolverá el mundo en llamas acabando con todo vestigio de vida.

Pero no todo terminará aquí, de las cenizas del viejo mundo surgirá otro con nuevos hombres y nuevos dioses dentro de un nuevo comienzo. El mundo de los dioses y los hombres será renovado tras la destrucción.

De esta breve descripción sobre la Mitología Nórdica cabe destacar una serie de puntos esenciales:

  • Estamos ante una compleja, basta y rica estructura mitológica, pareja a otras narraciones mitológicas hermanas como la greco-latina.
  • No existe un dios creador; sino que el mundo se origina tras un proceso natural y de esencia sagrada, en la que de la unión de la polaridad (hielo-fuego) surge la esencia primaria como modelo arquetípico de su manifestación divina. Es decir, una creación cósmica a partir de
  • El universo es animado, y por lo tanto el alma del mundo es
  • Los dioses y los hombres son originados “después”, por ello tienen un mismo principio cosmogónico: no son dos entes extraños entre sí, ya que comparten una misma naturaleza a pesar de su diferenciación de
  • El destino tiene en la Mitología Nórdica un puesto capital (a él están sujetos tanto los humanos como los dioses). Aunque éste no tiene una visión fatalista, sino que el sentimiento trágico de la vida es una invitación a la lucha y al heroísmo.
  • Los diferentes mundos son el resultado manifiesto del multiuniverso vivo, y se distinguen por poseer una estructura orgánica, existiendo la interactuación entre ellos.
  • El “fin del mundo” no significa el final de todo, sino el comienzo de lo nuevo, tras la aniquilación de lo viejo (Eterno Retorno).

Pero ve surgir por segunda vez la tierra del mar, para siempre verde; caen cascadas, se remonta el águila que en las montañas cazará los peces.

 

Se encuentran los Aesir en Ídavellir,

y de la sierpe del mundo poderosa charlan, recuerdan allí los grandes sucesos,

y las runas antiguas de Fimbultýr. 

Allí, después, maravillosos escaques de oro hallarán en la hierba,

los que en días antiguos tenían las estirpes. (Völuspá)

Significado de los dioses para el Odinismo

Primero tenemos que dejar claro que la fe Odinista cree plenamente en la existencia de sus dioses y diosas, que éstos no son fabulaciones ejemplarizantes sino realidades interactuando con nosotros aquí y ahora, como partes de la fuerza divina que se despliega en todo el universo. Otra cosa es que su representación sea efectivamente un símbolo de sus atributos: así al dios Thor se le encarna como un ser fuerte, valiente, en ocasiones algo bruto, dotado de un martillo como arma y distintivo, porque en él se personaliza la fuerza generativa (primaria): es el protector de los hombres y a la vez señor de las fuerzas intempestivas de la naturaleza (el trueno, el rayo…). Nosotros no creemos que el hombre esté creado a “imagen y semejanza” de ningún dios, sino todo lo contrario, entendemos que los dioses son establecidos a imagen y semejanza de los hombres.

Los distintos dioses, como parte de lo sagrado, son por así decirlo, formas divinas; personificaciones y modelos de fuerzas anímicas. Cuando los invocamos, invocamos la sabiduría, el poderío, el valor, la belleza, el honor…Y al imbuirnos dentro de esos arquetipos, dentro de sus esencias sagradas, tomamos lo que ellos son, asemejándonos e interactuando con ellos; formando parte

también de su divinidad.

Nuestro concepto de dios no es una noción individual e intimista del mismo (el dios personal pero externo al hombre), sino que la divinidad se da a conocer al hombre en el conjunto de los hechos y fenómenos del mundo.

Siguiendo las teorías del historiador francés Georges                    Dumézil2,       la       característica

fundamental de los dioses indoeuropeos es que éstos parten de una división funcional tripartita: la función soberana, la función guerrera y la productiva. Cada dios o diosa está comprendido en una de estas tres funciones jerarquizadas (en ocasiones en varias a la vez), con las naturalezas típicas de cada una de ellas: así los dioses de la primera función serán dioses soberanos, padres y madres de otros dioses, jueces, sabios y sacerdotes; los de la segunda función eminentemente guerreros, dioses del valor y el combate; y los de la tercera dioses y diosas destinados a la reproducción, la magia, la fertilidad y la prosperidad. Únicamente dos dioses del panteón odinista tienen la capacidad de englobar en su naturaleza las tres funciones referidas, dado que son

 
  

 

2 Filólogo e historiador francés. Nacido en París, el 4 de marzo de 1898, y falleció el 11 de octubre de 1986. Estudioso de las sociedades y religiones Indoeuropeas. Sus estudios se centraron en el desarrollo de la teoría trifuncional comprendidas en las mitologías de toda la familia indoeuropea desde la India hasta Roma. Entre sus trabajos cabe citar: Mito y epopeya; Los dioses de los indoeuropeos; Los dioses soberanos de los indoeuropeos, o Los dioses de los germanos: ensayo sobre la formación de la religión escandinava.

 

 

 

divinidades con la atribución de manifestarse en los diferentes mundos de nuestro cosmos. Odín, el chaman, es el dios padre, soberano de la guerra y también mago. Freya participa con éste de similares atributos, ya que es madre sacerdotisa, diosa de la fertilidad y el amor, y a la vez guardiana de guerreros, puesto que comparte con Odín la mitad de los caídos en la batalla (los einherjar) para morar en su reino de Fólkvnangr. Nos situamos ante la visión dual de lo existente, en donde los polos femenino y masculino son parte de lo mismo, pero no son lo mismo; es decir dos realidades diferentes pero complementarias que se necesitan para explicar la armonía del cosmos. De la correcta disposición de este orden jerárquico, depende no solo la avenencia del mundo de los dioses, sino también el de los humanos. Somos politeístas porque el mundo es también plural y diverso; por que caben varias interpretaciones de lo manifestado, y por que conviven la variedad de las cosas, de los hombres, las ideas y creencias en un mismo universo. Un dios único siempre querrá un pueblo único, con un único pensamiento y una sola ley de cumplimiento universal. La relación con nuestros dioses rompe las cadenas de la tiranía del monoteísmo, de la unicidad, con su total subordinación ante un dios omnipotente, incompresible y por lo tanto extraño para el hombre.

Los distintos dioses y diosas vinculan a los hombres con esa otra realidad superior, siendo imágenes vivas de una visión más amplia que se manifiesta en nuestra existencia vinculada al mundo sensible.

 

 

 

Los distintos dioses y diosas del panteón Odinista

Dentro de la mitología nórdica se distinguen dos familias de dioses claramente diferenciadas: los Ases (Aesir) y los Vanes (Vanir). Los primeros representan una concepción celeste, vertical, guerrera del panteón Odinista; mientras los segundos son la personificación de elementos telúrico-horizontales de origen posiblemente pre- indoeuropeo. Por ello los Ases o Aesir serán siempre divinidades de la I y II función Dumeziliana, mientras que los Vanes o Vanir estarán comprendidos casi en su totalidad en la III función. Para explicar esta división divina se han esgrimido básicamente dos teorías básicas: una historicista, y otra basada en una interpretación cultural-religiosa, a modo de cosmovisión. La primera nos retrotraería a la época prehistórica en donde los antiguos cultos telúricos matriarcales representados por los Vanes, empezaron a ser sustituidos por las creencias religiosas propias de los pueblos indoeuropeos en expansión, en donde los dioses Ases tendría su máxima expresión. La otra postura sería el resultado de una estructura religiosa que comprendería lo divino dentro de diversos aspectos del universo sagrado que también inciden en los hombres, tales como la guerra, el amor, la magia, la abundancia, el poder…Por ello se estructura a los distintos dioses y diosas en base a sus funciones primordiales, consiguiendo con ello la armonía del multi- universo.

Los principales dioses de los Ases son: Odín-Woden, conocido como “padre de los dioses”; Frigga consorte de Odín y guardiana de la familia; Tiwaz-Ziu, dios celeste de la guerra, aunque también se le atribuye funciones de juez y soberano dada su nobleza; Thor-Donar hijo de Odín, dios del trueno, la fuerza y santificador de los lugares;

 

 

 

Balder, divinidad solar, esperanza del mundo; Heimdal, dios de la luz, guardián del Bifrost; Eir, diosa de la curación y el auxilio.

Por otro lado algunos los dioses y diosas de los Vanes son: Freyja, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, pero también personifica la guerra, la muerte, la magia y la profecía; Frey, hermano de Freyja, dios de la prosperidad, la procreación y la riqueza; Nerthus, diosa equiparada con la madre tierra; Njördr, dios de la tierra fértil y de la costa marina, es el padre de Frey y Freyja; Idún, esposa de Bragi, dios de la poesía  (ella es la responsable de la salud y longevidad de los dioses, ya que éstos deben comer al día una manzana que Idún guarda en su cofre de fresno).

Loki, el “mago de las mentiras”, no es propiamente un dios, ya que se encuentra en cierta medida ajena a las familias de estos dioses, el cual incorpora una personalidad distinta a la trifuncional que hemos analizado. Hablamos de un ser evidentemente sobrenatural y ambiguo (ya que su misión es la de ayudar y a la vez de perjudicar con sus tretas a los demás dioses). Una figura parecida al trickster (el tramposo) existente en numerosas culturas antiguas. No es por lo tanto un ente del ”mal”, a semejanza del diablo judeo-cristiano, sino un instrumento en cierta medida necesario, para que los dioses y el mundo cumplan su destino. Loki es ambivalente como el fuego (que no es

malo ni bueno es sí mismo), ya que unas veces nos calienta y da confort, y otras nos quema y lastima.

Los dioses y diosas que pertenecen a la tercera función son dioses propicios para todos los ritos relacionados con el amor, el sexo, la magia, la prosperidad material así como las manifestaciones                                      artísticas.            Aquellos pertenecientes a la segunda función nos proporcionan poder de defensa y protección ante los avatares de nuestra existencia. La primera función es una estructura globalizadora, puesto

que abarca aspectos propicios para conseguir la victoria, la justicia y el orden; así como la sabiduría y el conocimiento numínico.

Estamos hablando por lo tanto de un rico y basto panteón de dioses y diosas que nos muestran una formidable estructura cosmológica para que nosotros, hombres y mujeres europeos del siglo XXI, podamos adaptarlas a todas nuestros actos humanos en aras de un desarrollo integral sin precedentes.

Otros dioses de nuestro panteón son:

Forseti: dios de la justicia y la verdad. Hijo de Balder y Nanna.

Hel: diosa de las regiones inferiores del Nifheim, el reino de los muertos. Hija de Loki  y Angrboda.

Magni: hijo de Thor y la giganta Iarnsaxa. Heredará en martillo Mjölnir.

Mimir: El dos más sabio de los Ases. Guardián de un manantial (el pozo de Mimir), situado en la base del árbol Yggdrasil. Fuente de sabiduría.

Sif: diosa esposa de Thor. Sus cabellos dorados fueron cortados por Loki mientras dormía.

Ull: Hijo de Odín y Sif; es por lo tanto el hijastro de Thor. Ull es el dios del invierno y de la caza. Virtuoso con el tiro al arco.

Vali: hijo de Odín y Rind. La misión de este dios fue la de vengar la muerte de Balder.

 

 

 

Vidar: Hijo de Odín y de la giganta Grid. Vengará a su padre en el Ragnarok dando muerte al lobo Fenris.

 

 

Árbol genealógico de los dioses y diosas Odinistas

 

 

 

 
  

 

 

 

 

El cosmos en la mitología nórdica

La mitología nórdica nos ha dejado un orden del universo compuesto por 9 mundos o dimensiones, surgidos a partir de la manifestación de la nada, de lo absoluto. Nuestra cosmología representa cada una de las partes del todo; desde la afirmación del yo, hasta la conciencia de ese yo en el universo. El esquema de este sistema cosmológico está representada por la runa Hagal :H: forma primordial del multiuniverso ya que ella contiene la potencia unida de los nueve mundos de Yggdrasill. Es por este hecho que se considera como la runa madre, a partir de la cual se construyen el resto de las representaciones rúnicas.

Este macrocosmos esta simbolizado, como ya hemos apuntado, por el árbol cósmico Yggdrasill, a modo de columna del universo, que une a los diferentes mundos asegurando su existencia vertical. Yggdrasill liga las distintas moradas o casas en la cuales habitan los diferentes tipos de dioses, hombres, semidioses y seres sobrenaturales que existen, como referencia de los grados de desarrollo y evolución del espíritu y del ser.

El Midgard, el “mundo de en medio”, es el centro de la estructura cósmica y el lugar en donde los demás mundos convergen e interactúan. El territorio en donde moran los hombres, es el espacio en el cual se dan nuestras formas más genuinas; en concordancia con una estructura física, mental y espiritual que se desarrollan en toda su amplitud inicial. Es por lo tanto el ámbito de nuestra profundidad física y emocional que derivan hacia la autoconciencia del “yo”, bajo una

perspectiva estacional marcada por la limitación en el tiempo y el espacio. El Midgard es por lo tanto un estado de oportunidad para desarrollar y cultivar tanto nuestro ser físico, como espiritual, ya que los dos están íntimamente ligados.

Las runas correspondientes a la “Tierra Media” son: g j m

Por  encima  del  Midgard  no encontramos

con el Alfheim, el “lugar de la iluminación”, espacio en donde la luz y la claridad mental se hacen manifiestas. Hablamos por lo tanto de una dimensión metal en donde la luz despierta al intelecto, a la imaginación y la creatividad gozosa. La mente individual entra en conexión con esa otra mente universal, en simbiosis, dando  lugar  a  lo  que  Kalr  Gustab  Jung

llamaba el subconsciente colectivo; un pensamiento común a priori difícilmente perceptible, pero enormemente influyente dentro de cada hombre y grupo humano definido.

Alfheim, espacio de los elfos luminosos, es por esta definición la luz que ilumina a la oscuridad que conlleva toda ignorancia. Abriéndonos así hacia nuevas perspectivas del

 

 

 

ser en conjunción con el cosmos, que nos descubre nuevas realidades reveladas desde una postura de claridad mental e intelectual.

Runas de Alfheim: w z e

En el eje inferior al Midgard se sitúa el Svartalfheim, mundo de los elfos oscuros. Enanos forjadores de la materia. Aquí se dan las formulaciones y expresiones profundas que se manifiestan en el Midgard. Es por lo tanto el ámbito del subconsciente que tiene lugar por debajo de nuestra conciencia (el mundo inferior) y que soportan la estructura de nuestra realidad fundada y percibida. Nos referimos tanto a las necesidades y creaciones materiales del individuo, como a las ocultas motivaciones que se esconden dentro de nuestro entramado mental, que generan nuestros deseos y anhelos más fuertes. En la mitología nórdica los enanos que moran en las entrañas de la tierra son mineros y excelentes orfebres que forjan las preciadas joyas y objetos mágicos para deleite de los dioses y los hombres.

Las runas propias del Svartalfheim son k n f.

En la base más honda del Árbol Cósmico se encuentra Helheim, cuya traducción literal es “cubierta”; espacio que cubre a las fuerzas elementales en su proceso de transición y transmutación. En el “Reino de los Muertos” se da el proceso cíclico de la existencia  del Ser, desde la muerte física hacia la nueva vida renacida. Nada que ver con la interpretación judeo-cristina del infierno, como lugar tenebroso en donde purgan eternamente las almas pecadoras. Hel es ante todo un proceso de cambio de una realidad a otra; de una existencia transmutada hacia otra situación del ser transformado. Por ello este mundo de la diosa Hela está marcado por una dimensión dual, que nos  descubre que tras la muerte nos espera de nuevo la vida. La diosa del Hel forma parte de esta duplicidad siendo representado como una mujer joven y hermosa por un lado, y por otro como un cadáver ciertamente horrendo: es la fertilidad que da la vida, y la muerte que nos la quita como parte de un mismo proceso vital. La runa fundamental de Helheim es

h (Hagalaz) , runa de la evolución -el copo primario de nieve- como semilla del resurgir transformado. Otras runas características de este mundo son también l y   I.

En la cúspide del Yggdrasill no encontramos con Asgard, el reino de los dioses Ases. Es el punto más elevado de nuestro sistema cósmico; un lugar difícilmente accesible para los comunes, ya que simboliza lo más sublime e intimo de la condición espiritual del hombre. El Odinismo cree que poseemos un espíritu que se manifiesta en un plano fisco (en el tiempo y el espacio del Midgard), pero también que esa condición sublime del ser humano se eleva y se manifiesta en un plano seuprahumano en donde moran los espíritus divinos, los dioses3. El Asgard sería esa dimensión superior sólo accesible previa evolución y perfeccionamiento del Ser, más allá de la vida y de la muerte. Sólo aquellos que por los meritos demostrado en esta vida, por el valor y el heroísmo con que miran y se enfrentan a su propio destino, sólo estos serán transportados por las Valkirias hacia el Valhala, para existir con los dioses. Asgard es así considerado el recinto sagrado en donde moran los espíritus perfeccionados que han encontrado y reconocido su verdadera naturaleza, su ser divino.

Las runas que identifican a l mundo de los Ases son: a t o.

 

 
  

3 Este sistema de conexión entre el mundo humano y divino se encuentra representando por el Bifrost, puente arco iris que une estos dos espacios.

 

 

 

Niflheim, el mundo de la niebla. El frío que viene del Norte, hiela los corazones y nubla la vista que nos paraliza en la acción. Es por lo tanto un mundo ilusorio que crea las constantes para buscar el significado que se encuentra en nuestra propia naturaleza. La bruma nos hace entrever aquello que es manifiesto y existente, nos desvela la verdad oculta. Al igual que el agua se transforma en hielo, debemos esperar a que las cosas se materialicen para acceder a su exacta comprensión. Bajo esta perspectiva, Niflheim lo podemos considerar como el punto en donde converge lo tangible y lo intangible, lo real

y lo figurado bajo la forma conclusiva de su resolución. u i t son sus runas significativas.

En el punto contrario al Niflheim se encuentra el Muspellheim, literalmente “la morada

del fuego”. Este es el lugar opuesto, pero complementario a la vez al mundo de la niebla y el hielo. Si el Niflheim estaba regido por el frío del Norte, Muspellheim es el reino del fuego abrasador que trae el Sur. De la paralización de lo gélido, nos trasladamos a la acción que nos trae la exaltación. Aquí nos está delimitando claramente un espacio dominado por la pasión, que como el elemento ígneo, es ambivalente: a la vez destructora y transformadora. La fuerza del ardor exaltado crea los parámetros necesarios tanto para las necesarias conquistas y realizaciones objetivas, como para la consumición  y  destrucción  de  los  parámetros  formulados.  El  grupo  de  runas  que

identifican a esta estancia son: r s d.

Vanaheim es conocido como el mundo de los dioses Vanes. Lugar en donde habitan las deidades asociadas a aspectos tales como la abundancia, la prosperidad, la magia o la sexualidad y la fecundación. Así entendido en el Vanaheim están condensadas las fuerzas orgánicas constitutivas de la profusión y exuberancia que acompañan al hombre. El “lugar de la tranquilidad y la abundancia”, es por este hecho, la matriz en donde se gestan los impulsos constitutivos de toda progresión orgánica. Este es un mundo de crecimiento vegetativo y del misterio; en donde las pulsaciones principales tienen cabida hacia la dirección de un progreso dentro de las constantes más vitales de la naturaleza humana. Sus runas representativas son las runas de la riqueza, el secreto y la fecundidad, generadoras tanto de los procesos biológicos, como de la necesaria abundancia que nos garantice una existencia en los diversos estados del Ser. Estas

son: f p N.

Jotunheim, o la morada de los gigantes, nos delimitan la fuerza y la grandeza que fluye desde nuestra fuente más intuitiva y primaria. Los gigantes en la mitología nórdica eran los originarios seres que habitaron en la tierra; colosales y poseedores de una descomunal potencia física que los hacían invencibles. Simbolizaban así, el primitivismo de todas las formas vivas; la presencia originaria necesaria para un posterior avance en el perfeccionamiento del Ser en el cosmos. Es por lo tanto la fuerza que nos abre a la voluntad de crear y conquistar; el impulso básico y necesario para toda realización. Un poder primario que se manifiesta bajo una perspectiva dual, ya que nos puede conducir tanto a la construcción beneficiosa, como a la destrucción y la devastación. Jotunheim nos habla de una gran fuerza real y existente que debe ser controlada para la correcta armonía del multiuniverso, puesto que de otra manera, ésta se transformaría en una fuente de quebrantamiento dentro del orden que rige todo el cosmos. Thor es esa presencia divina que domina y a la vez vence a la fuerza intempestiva de los gigantes, garantizando justamente la armonía del pluriuniverso.

La runas de Jotunheim son: T h b .

 

 

 

 

Hasta aquí este breve esbozo del cosmos inherente a la nuestra tradición odinista. Creemos que hemos abierto una puerta por donde adentrase en la rica y profunda cosmovisión que nos legaron nuestros antepasados para que pudiésemos comprender las fuerzas que se mueven en el universo, y así poder ascender en los diversos grados del Ser. Es por ello hora de recoger nuestra herencia espiritual, para insertarla en nuestras vidas en el Midgard y poder comprender quiénes somos y hacia dónde se dirigen nuestros pasos de eternidad.

 

 

 

Nuestros textos mitológicos

Hagamos aquí una puntualización necesaria. Si por textos sagrados se entiende la existencia de libros en donde se encuentra la palabra revelada por “dios” mismo, como “palabras de fuego” transmitida a los hombres en forma ley inmutable y obligada, hemos de decir que el Odinismo no posee tales textos dictados directamente por la divinidad como estructuras dogmáticas de pensamiento. Ahora bien, si por textos sagrados entendemos la existencia de contenidos y compendios de nuestra sabiduría ancestral y mitológica, efectivamente podemos hablar de libros pertenecientes a nuestro acervo espiritual.

Entre las obras clásicas de nuestra tradición podemos destacar las siguientes:

 

·         Edda prosaica

  • Edda poética
  • Gesta Danorum
  • Gutasaga
  • Ynglingasaga

 

En ese mismo sentido, otras tradiciones de raíz indoeuropea nos presentan innumerables textos en donde se condensa buena parte de nuestro acerbo cultural e espiritual, como por ejemplo, Los Vedas y los Upanishad, textos de tradición Hindú védica.

Nuestras creencias religiosas no son un compendio doctrinal inmovilista y estático; debido a los avatares históricos nuestra estructura ideológica se ha ido enriqueciendo con numerosas aportaciones de filósofos y de autores diversos, cuyas obras son referentes del pensamiento tradicional de occidente y que el Odinismo toma como puntos clave de su estructura ideológica y de creencias.

Cabe mencionar como aportaciones capitales para el Odinismo moderno (y para todos aquellos que profesen una afiliación con su identidad espiritual) a pensadores como: Friedrich Wilhelm Nietzsche, anunciador del nihilismo europeo y profeta del nuevo hombre. Giulio Cesare Andrea Evola, estudioso de la tradición primordial indoeuropea. Mircea Eliade, con sus teorías de los fenómenos religiosos, así como los tiempos sagrados y profanos. Rene Guenon como analista de las tradiciones de Oriente y Occidente. Georges Dumézil, estudioso de las sociedades y religiones Indoeuropeas Arthur Schopenhauer, y su mundo como voluntad y representación.

 

 

 

A estos pensadores por así decirlo clásicos (aunque podríamos incluir a otros muchos), se les pueden sumar también los franceses Alain de Benoist y Guillaume Faye, iniciadores del moderno paganismo intelectual.

Otra literatura importante para entender y profundizar nuestra religión, pueden encontrarse en los siguientes títulos:

 

  • Futhark la Magia de las Runas. Edred Thorsson
  • Las Runas. Bernard King
  • Los Mitos Germánicos. Enrique Bernández
  • Las Migraciones Bárbaras y la Creación de los Primeros Reinos de Occidente. Rosa Sanz
  • Los Godos. Rosa Sanz
  • El Secreto de la Runas. Guido Von liszt
  • Cómo ser Pagano. Alain de Benoist
  • Germania. Cayo CornelioTácito
  • Pequeño Diccionario de Mitología Germánica. Claude Lecouteux
  • El Destino de los Dioses. Patxi Lanceros
  • El Retorno de los Dioses. Fernando Pessoa
  • Mitos Nórdicos. I.Page

Creemos que esta pequeña reseña bibliográfica y de autores, puede ser un adecuado punto de partida tanto para quienes quieren conocer la cosmovisión religiosa odinista, como para aquellos que buscan una mayor amplitud y desarrollo en sus creencias y saberes. Debemos considerar como un deber prioritario para todo odinista la formación constante de cara a profundizar en la sabiduría perenne de nuestra tradición ancestral. El saber no ocupa lugar, así reza un popular refrán de nuestra cultura. Si nos manifestamos ante el mundo como paganos, politeísta u odinistas, debemos demostrar con hechos nuestra fe, pero también es menester construir un buen armazón ideológico (coherentemente estructurado) de cara a responder con la fuerza de las ideas a los innumerables retos que dentro de nuestro cotidiano vivir se plantean como vitales y necesarios. Ser odinista es una forma de ser, pero también de pensar. Nuca lo olvidemos.

 

 

 

El destino en la mitología nórdica-germánica

Eres lo que es tu deseo profundo e impulsor. Tal como es tu deseo, así es tu voluntad.

Tal como es tu voluntad, así son tus obras. Tal como son tus obras, así es tu destino. Upanishad Brihadaranyaka IV.4.5.

 

Podemos afirmar que existe un vínculo muy fuerte entre ambos; el destino reina por encima de los hombres y los dioses. En el Odinismo distinguimos dos conceptos en lo

 

 

 

referente al destino: El Örlog y el Wyrd. El primer principio hace referencia a todo aquello que nos condiciona íntimamente: es nuestra herencia física, nuestras habilidades, delimitaciones y capacidades. Unida también a nuestro legado espiritual, la hamingia, nuestra alma comunitaria que va trasmitiendo de generación en generación.

El Örlog por lo tanto son los condicionantes en los que nosotros somos ajenos a su resultado. Es nuestro cuerpo y nuestra alma definida la que nos constituye independientemente de nuestro poder de decisión.

En cuanto al concepto del Wyrd, se delimita al campo de acción de nuestra voluntad en el mundo pre-establecido: este es el espacio en donde actúan las Nornas, como tejedoras de los hilos de nuestras condiciones dadas. Es el mecanismo por medio del cual el destino es modificable, puesto que éste depende de nuestras acciones e intervenciones en el escenario vital.

Todas nuestras actuaciones entretejen una red que implica a un universo interconectado; cada acto individual enreda a su vez múltiples actores, que hacen desencadenar acontecimientos diversos.

El destino podemos definirlo así como la unión efectiva del Örlog y el Wyrd; de lo que nos condiciona y lo que podemos modificar por medio de la voluntad personal. Lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

Este concepto del destino es equiparable al estoico principio de las “causa inmanentes” y las “causas antecedentes”; las cuales nos delimitan el devenir humano como la conjunción de aquello controlable por el hombre (lo que depende de él) y por lo que al hombre le es imposible controlar (lo que no depende de él), pues están sujetas al fatum en cuanto a la aceptación del sentimiento trágico de la vida, que nos invita a la acción y la voluntad heroica.

Lo dicho hasta el momento es a todas luces incompatible con teorías que abiertamente predican la predestinación humana; en la cual la voluntad personal queda anulada para ser sustituida por la voluntad divina o el azar. Pero también se mantienen alejadas de todo “voluntarismo” que incita al hombre a creer falsamente en la posibilidad de lograr cualquier meta por el simple hecho de desearlo así.

Por mucho que me lo proponga y desee, jamás podré ser campeón de salto de longitud, puesto que parto de una naturaleza (físico-espiritual) que limita mis capacidades para convertirme en campeón olímpico. Pero en cambio me otorga otras cualidades necesarias para conseguir distintos logros más acordes con mi condición personal. Aunque, evidentemente, por medio de mi voluntad y poder de decisión puedo modificar

 

 

 

mi potencial físico, y mejorar así mis aptitudes para con el salto de longitud, aunque nunca logre ser un “As” del atletismo.

Sabemos que es factible modificar y crear nuestro destino por obra de la voluntad; tenemos realmente el futuro en nuestras manos. El Örlog/Wyrd modifica e interfieren pero no determinan. Nuestra presencia en el mundo no se ciñe únicamente a un estado animalesco, como si fuésemos borregos dirigidos hacia un matadero sin remedio; sino que poseemos las semillas de la divinidad dentro de nosotros, para orientar y dirigir nuestros designios conforme a nuestra energía y determinación. Nuestro destino no es malo ni bueno en sí mismo, lo verdaderamente importante es cómo nos enfrentamos a ese destino y qué dimensión le queremos dar; qué actitud tenemos ante él. Ya que La liberad del hombre nunca podrá ser alcanzada por la adversidad.

No necesitamos una fe de “salvación” que nos redima de nuestra “pecadora naturaleza humana”, sino libertad para encarar el destino propio con coraje y honor.

“El Destino, el dios que nunca pasa; aquel que, aunque hubiese mil dioses, sería, aún así, el dios único”. Antonio Mora

 

 

 

1 Las cuatro edades cíclicas dentro de nuestra tradición son la edad de Oro (Krita Yuga), Plata (Tetra Yuga), Bronce (Dvapara Yuga) y de hierro (Kali Yuga).