Las männerbunde

Männerbund que por su traducción vendría a significar “clanes de hombres” o “comunidades de hombres” eran agrupaciones conformadas por hombres en los que predominaba la masculinidad, la violencia y la hermandad.

El männerbund es una hermandad de hombres unidos por ritos masculinos de carácter iniciático, podríamos poner como ejemplo a los cultos legionarios que veneraban a Mitra y su ritual iniciático era degollar a un toro y bañar en sangre al adepto.

Entre los celtas y germanos existieron comunidades aisladas en donde el chamán-bardo-druida (dependiendo de la región) iniciaba a los jóvenes escogidos en rituales de sangre y violencia, el combate cuerpo a cuerpo, el manejo de las armas, la dureza y la resistencia al dolor. En Esparta a los varones se les iniciaba en un ritual en el que recibían cientos de latigazos, el propósito era esquivarlos, era soportar la violencia y el dolor, era comenzar a forjarse un carácter. En este tipo de rituales el llorar y correr a los brazos de la figura materna no estaba permitido.

Si algo tienen en común estos ritos de iniciación es el traumatismo que pueden llegar a tener, estos ritos no eran para cualquiera, solo  para unos cuantos escogidos en algunos casos, actualmente desconocemos mucho de lo que era la educación en las comunidades nórdicas y celtas pero se puede intuir que eran tan brutales y traumáticos como los ritos espartanos. Estos ritos formaban el carácter, eran una prueba para poder soportar el dolor y las adversidades, para poder matar sin sentir miedo o remordimiento. Esta es la esencia de lo que era un männerbund pagano, durante la Edad Media, los männerbund se transformaron en cofradías de caballeros, órdenes militares con un fuerte carácter religioso, sus rituales iniciáticos no eran tan brutales como los männerbunds paganos pero conservaron los valores de hermandad y lucha.

Dos cosas son las que definen al männerbund y son la hermandad y la masculinidad pero todo ello impregnado con un carácter místico alrededor suyo. Bajo este concepto podríamos considerar a los conquistadores españoles como männerbunds, pequeños grupos de hombres, unidos en un terreno hostil. A lo largo de los años los männerbunds perdieron mucho de este sentido religioso, volviéndose más que nada clubs de cacería y en donde un hombre podía fumar y beber cerveza no obstante el siglo XX vio un resurgimiento del männerbund en su sentido tradicional de la mano del fascismo.

La Guardia de Hierro de Codreanu con su estricto carácter ascético, militarista y de hermandad fue el ejemplo de una comunidad de hombres como las del tipo medieval, las camisas negras de Mussolini y movimientos similares alrededor de Europa trajo de vuelta el viejo concepto de estas comunidades masculinas. Pero el que trajo el verdadero männerbund en su forma más pagana y mística fue la orden SS del Tercer Reich, su carácter iniciático, guerrero y elitista tuvo como propósito ser la nueva aristocracia de Europa. Con el final de la Segunda Guerra y el final de los fascismos el concepto de männerbund sobrevivió en forma de clubs de cacería y de armas en la mayor parte del mundo occidental. Las autodefensas mexicanas sería un buen ejemplo de estas comunidades masculinas, hombres armados, unidos contra un estado fallido. En Sudáfrica las comunidades Boers con su estricta fe calvinista y sus arraigados valores a la familia, la sangre y el deber podrían caber dentro de esta definición.

No obstante, las asociaciones feministas quieren destruir este concepto, pese a lo debilitada  que está actualmente la idea de männerbund es aún peligrosa para el matriarcado dominante. Actualmente en el siglo XXI existe una aversión de los valores masculinos por parte de los medios de comunicación que así van influyendo lentamente en la sociedad. La estigmatización de la cacería, el consumo de carne, la violencia, las armas todo forma parte de una feroz estrategia por anular los instintos masculinos. El concepto de männerbund ha sufrido este ataque, actualmente “especialistas”—psiquiatras homosexuales, profesores y psicólogos políticamente correctos—le han atribuido al männerbund connotaciones homosexuales y pedófilas incluso, llegando a ridiculizar los clubes de hombres y las actividades masculinas. Existe una agenda política detrás de esto, a las comunidades de hombres en Estados Unidos los medios los han acusado de racistas, de ser una mala influencia para la niñez, de ser “retrogradas” o de ser violadores en potencia.

A los niños se les imponen conductas femeninas, vestir de rosa, se les aleja malsanamente de todo impulso masculino, castrándolos emocionalmente. La tradición de que los padres e hijos vayan de cacería, de pesca, se está anulando poco a poco por la figura  sobreprotectora de la madre. Al hombre occidental se le educa para que sea individualista, egoísta, afeminado, cobarde mientras que en otros países conservan aun sus instintos más hostiles y masculinos. El individualismo permite la desunión, permite el comportamiento ruin y traicionero que tienen los hombres modernos, les impide tener un código de honor, una verdadera relación de hermandad que unía a las antiguas cofradías masculinas.

¿Por qué esta ridiculización del männerbund? Porque puede volver a resurgir en su forma más pagana por así decirlo, el Sistema sabe que un puñado de barbaros puede hacer frente al estado y derribarlo. El Sistema quiere hombres estrógenizados, temerosos, castrados, biempensantes y con su lado femenino expuesto. Porque son fáciles de controlar, porque nunca armaran una verdadera revuelta y porque siempre buscaran refugio en la madre-estado que los sobreprotege y les da lo que quieren. Los nuevos barbaros no necesitan votos, no necesitan ser mayoría, ni quieren la aprobación de los medios, son ajenos a la civilización del bienestar, son luchadores, solo saben el lenguaje del cuerpo. Es por eso que el Sistema quiere suprimir a estos nuevos barbaros y cualquier apología a la barbarie—por televisión, por las redes sociales, etc. —cualquier indicio de barbarismo debe de ser acusada de machista, racista y cuantos adjetivos tenga en su léxico.

Se debe recuperar este sentido de hermandad, de tribu, ese instinto que nos permitía reunirnos en comunidades, desarrollar la testosterona en un ambiente que propicie a ello. Actualmente existen comunidades de hombres pero muy pocas con el concepto de männerbund, algunas de estas comunidades han llegado a degenerar como es el caso de las fraternidades americanas que a pesar de cierto carácter místico—aunque insípido—y cierta unión de hombres, se encuentran más interesados en tener sexo y tomar cerveza que en formar una verdadera männerbund. En septiembre del 2013 más de dos millones de motociclistas americanos marcharon para protestar contra el terrorismo islámico en su país, una manifestación que fue ignorada deliberadamente por los medios pero que sacudió e hizo temblar a la sociedad del bienestar, he ahí el sentido de la männerbund. Ante esta decadente civilización, los valores occidentales de dinero y bienestar, el acoso del lobby feminista, se debe recuperar ese sentido de comunidad para hacerle frente, esa antigua hermandad, esas alianzas forjadas en el honor y la sangre en una época de nihilismo, individualismo y estrógenizacion.