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Hamingiur

Hamingia

Las fylgiur (el singular es fylgia) o doble físico (“seguidora” en el sentido de “espíritu tutelar”). es una parte de la concepción tripartita de alma en Odinismo, la fylgia de una persona puede aparecerse, normalmente en figura de mujer pero también de animal, y esta aparición suele anunciar una muerte inminente. Claro que no todo el mundo es capaz de ver a una fylgia: se trata de una capacidad limitada a ciertas personas, aunque sin la especialización de los médiums de hoy día. Como la fylgia de una persona puede pasar a algún pariente, podemos considerarla no tanto «alma» individual sino espíritu familiar, aunque si una de las etimologías propuestas para este nombre fuera correcta, el elemento individual parecería claramente prioritario. Pero no debemos extrañarnos, pues es un universal cognitivo en el ámbito de la religión que una persona, especialmente en los pueblos formados por pequeñas unidades de parentesco como los clanes, se considere poseedora de la «esencia» de la familia.

La etimología nos ofrece dos posibilidades que lingüísticamente son igual de válidas: a partir de un verbo «acompañar», lo que caracterizaría a este espíritu como «acompañante», idea bastante adecuada porque cada persona está determinada por su propia fylgia a lo largo de toda su vida. La alternativa es un término, fylgia precisamente, que significa «placenta» y cuya importancia folclórica y también religiosa es tal que no hace falta ni siquiera comentarla: raro es el pueblo que carece de ritos, ceremonias o supersticiones sobre esta extraña sustancia que acompaña a todo nacimiento y cuya función, como es lógico, resultaba completamente desconocida hasta hace un instante en la historia de la humanidad. De ahí la posibilidad de considerarla como algo especial, relacionado con lo sobrenatural, y, puesto que está ahí cada vez que nace una criatura, es de esperar que la acompañe toda su vida, sea parte de ella y, de alguna forma, «defina su esencia». Y todo eso, en efecto, es lo que se atribuía a la fylgia.

Los otros espíritus tutelares, a la vez familiares e individuales, reciben en Escandinavia el nombre de hamingiur (singular hamingja). No es fácil diferenciarlas de las fylgiur, pero la hamingia está, diríamos, más «especializada », y viene a ser como la buena o mala suerte que acompaña a una persona y, por todo lo que ya sabemos, también a una familia. La palabra significa simplemente «fortuna», aunque existe otra hamingia bastante distinta en su origen, si bien en la Escandinavia medieval debió de haber ya cierta confusión al respecto. Esta segunda hamingia procedería de una forma más antigua, ham-gengia, y significaba «que cambia de forma» o «que va por ahí en la forma o apariencia que le conviene» «el que camina en hamr». Hamr es la figura, la forma de la persona. Entonces, ¿quién es el que camina en figuras y formas? Y ¿de qué figuras y formas estamos hablando? Los mitos nos hablan de dioses que podían adoptar diferentes figuras y transformarse; aves, serpientes, insectos, toros, lobos, etcétera. Así que podemos decir que ellos también “caminaban en formas”.

Antes incluso que lo anterior, ¿qué o quién camina en formas? Obviamente son nuestros espíritus. Tú naces en una forma, vives (caminas) con esta forma, y luego mueres. Entonces vuelves a nacer con una forma distinta, y vives (caminas) nuevamente y vuelves a morir. Y así continúa todo, muy probablemente por toda la eternidad. Así que podemos decir que nuestros espíritus son entes inmortales que sólo cambian de forma de vez en cuando; ¡Somos nosotros quienes caminamos en formas! Nosotros somos los dioses, y ellos, a su vez, son nosotros, tal como creían los antiguos filósofos griegos; podemos llegar a caminar en cualquier tipo de forma. Desde las criaturas más bajas (bichos, gusanos) a las más elevadas (dioses), y cualquier criatura entre ellas. Si existe físicamente y está vivo, es un recipiente para alguna clase de espíritu. Más aún quedan preguntas por plantearnos; ¿qué es, entonces, un “espíritu”? Se decía que las deidades y los espíritus también tomaban la forma de árboles y otras formas de vida vegetales, y, como se explica aquí, toda forma vida es causada por la luz. Por lo tanto, sería correcto que llamásemos a nuestros dioses y espíritus simplemente “luz”. ¿O quizás “elfos de luz” sería mejor? ¡Luz blanca! Entonces, es el Hugr, la esencia divina que portamos dentro de nuestro yo, la luz blanca que camina en formas.

Entonces, el hamingja no es solamente la suerte que tienes en la vida, sino que eres tú y la suma de todos tus logros honorables, y también aquellos logros honorables de tus ancestros por los que has sido iluminado espiritualmente. Es una creencia y tradición de carácter muy antiguo que aparece constantemente en los textos medievales, el cambio de forma corpórea, y tiene mucho que ver con la diferenciación funcional del mismo, cada cuerpo se especializa en algo, las aves surcan el cielo, los peces el mar, cambiar de forma es una manera de viajar chamánicamente a través de los mundos, porque hay lugares donde para llegar a ellos tenemos que cruzar alga más que distancia física.