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Alma y Espíritu

Los pueblos germánicos no tenían una concepción del alma conforme a nuestros hábitos de pensamiento; prueba de ello es que sal, o sala, «alma», es un préstamo relativamente tardío del antiguo anglosajón. El principio espiritual que nosotros llamamos «alma» difiere esencialmente del que el judeocristianismo ha difundido en Europa, y un estudio atento de los léxicos de las demás hablas germánicas antiguas (gótico, inglés antiguo, sajón antiguo) nos revela una unidad de pensamiento en aquellos pueblos. Existen tres vocablos que designan lo que los cristianos llaman alma, y que son Fylgja, Hamr y Hugr.[1]

  1. Fylgja

Fylgja, literalmente «la Seguidora», es el Doble espiritual del individuo. Se presenta como genio tutelar vinculado a un hombre o a una familia. Una persona puede poseer varias Fylgja, y se considera que, cuantas más tiene alguien, más fuerte es. Cuando la Fylgja o las Fylgja se enfrentan a un enemigo, provocan en él bostezos y somnolencia irreprimibles. Ilustremos este punto con un pasaje de la Saga de Njall el Quemado (cap. 12): «Entonces tomó la palabra Svann entre bostezos; he aquí que nos están atacando los espíritus tutelares (fylgjur) de Osvif», dijo.

El Doble espiritual, en efecto, puede abandonar a su poseedor cuando éste se duerme. «Los dos Thorgeir entraron en un bosque —dice la misma saga (cap. 69) —. Allí fueron presas de un gran sueño y no pudieron hacer otra cosa que dormir».

La Fylgja, Doble psíquico con funciones tutelares, está estrechamente ligada a la esfera del destino en las mentalidades germánicas.

La Fylgja tiene por misión principal el proteger a aquel a quien acompaña, pero no siempre es inmediatamente reconocible.

El otro yo que precede al visitante, sea amigo o enemigo, es una creencia que todavía existe en Escandinavia actualmente. Sin embargo, es muy delicado distinguir entre los dos Dobles, Hamr y Fylgja. Pues bien, este «espíritu» posee los rasgos esenciales de la Fylgja, el Doble psíquico: posee su función tutelar, su independencia, pero está dotado de cierta corporeidad que se manifiesta en sus apariciones.

Parece que en la Fylgja predomina el carácter animal del Doble, mientras que Hamr, inglés antiguo hama, no es forzosamente teriomorfo. Hamr y Fylgja están vinculados al sueño, al trance, y pueden partir a lo lejos. El primero puede actuar físicamente, mientras que eso es aparentemente imposible para el segundo. Un detalle suplementario: la Fylgja se despide del hombre poco antes de su muerte, mientras que Hamr permanece sujeto al cuerpo hasta su total destrucción y, por lo tanto, en este sentido, está emparentado al alma ósea del chamanismo.

  1. Hamr

Para el Doble físico, Hamr, las cosas son tal vez un poco más claras, pues los ejemplos que nos ofrecen los textos son numerosos y elocuentes.

Desde el nacimiento, algunos individuos poseen la facultad de desdoblarse, y reciben el nombre de hamrammr, «de Doble poderoso», o eigi einhamr, «que no tiene únicamente un Doble». El desdoblamiento recibe diversos nombres, prueba, si falta hacía, de que está bien anclado en nuestra alma germánica, pues el lenguaje siempre es un buen reflejo de las creencias. Encontramos vixla hómum, «cambiar de forma». Skipta hómum, que tiene el mismo sentido, y el verbo hamask, que indica que el sujeto del desdoblamiento es a la vez activo y pasivo. Se encuentra también en «dejar correr su Doble», sinónimo de la locución springa af harmi, literalmente «salir de sí, de su piel».

Cuando el otro yo viaja, corre peligros, particularmente el de no poder reintegrarse al cuerpo, cosa que sucede si éste es molestado o si se dirige la palabra a la persona temporalmente abandonada por su alter ego. La prueba irrefutable de la corporeidad de este Doble la da un detalle: lo que le acontece se encuentra también en el cuerpo de su poseedor cuando se ha reintegrado a él.

Los Dobles zoomorfos de los dos hombres se enfrentaron. Aunque sólo un hombre dotado de clarividencia puede percibir los alter egos, éstos son realmente corpóreos, puesto que el pequeño valle muestra las huellas del combate y las envolturas carnales de los protagonistas ofrecen a la vista de todas marcas de heridas.

El Libro de la colonización de Islandia, una de cuyas redacciones se debe a Sturla Thordarson (1214-1284) y lleva su nombre: Sturlubók, «Libro de Sturla» (= S), presenta numerosos personajes que tienen el poder de desdoblarse, por ejemplo Thorarinn Korni, Kveld-Ulf, abuelo del célebre Egill Skallagrimsson, Thorkell Farsek, etc. Por otra parte, las sagas islandesas de las familias, obras a medio camino entre la crónica y el romance, citan a muchos individuos que saben liberar su Doble. El lector encontrará ejemplos en las obras de Régis Boyer y en nuestra Fantasmas y aparecidos.

  1. Hugr

Hay que decir unas palabras sobre el tercer componente del alma, Hugr, que corresponde aproximadamente al latino animus y spiritus. «Se trata […] de una especie de principio activo universal —dice Régis Boyer—, o sea más o menos independiente de los individuos, pero que llegado el caso puede manifestarse directa o indirectamente en el hombre.» Incluso puede manifestarse en contra de la voluntad de las personas. Es él quien cobra forma y anima el Hamr para que viaje lejos, ya sea en misión para un tercero, sea para realizar un deseo particularmente fuerte. Ahora bien, ¿qué decían de él en Alemania en el siglo XIX?: «Hay que beber antes de acostarse, o irá a beber el espíritu durante el sueño.»

En otra lengua germánica, Ulfilas (hacia 311-383), obispo de los visigodos y creador del alfabeto gótico, da hugs (nord. hugr) para traducir la palabra griega nous, «facultad de pensamiento, espíritu, inteligencia». En las homilías de la alta Edad Media, hugr traduce mens y animus, de donde puede inferirse que el vocablo designa ante todo un principio espiritual, pero la literatura de los antiguos escandinavos nos revela que dicho principio es exterior al hombre y éste está investido de él.

En definitiva para conocer lo que es el alma germánica, emplearemos esta esclarecedora síntesis: «Visitado (hugr), habitado (hamr) o acompañado (Fylgja), está perfectamente claro que el hombre no es reductible a sólo sus dimensiones materiales, sino que sus categorías dicotómicas real/irreal, material/espiritual —en último término vida/muerte— no resultan adecuadas. Para aprehender en toda su riqueza y originalidad este complejo en el que son indisociables lo físico y lo mental, hay que renunciar a nuestras poco profundas adversaciones».

[1] No hablaremos de önd/and, «alma, aliento», que se emplea en los textos cristianos como equivalente de anima.